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domingo, 31 de mayo de 2015

31 de mayo: San Noe Mawaggali

Mártir
n.: 1851 - †: 1886 - país: Uganda
canonización: B: Benedicto XV 6 jun 1920 - C: Pablo VI 8 oct 1964

En el lugar de Mityana, en Uganda, san Noé Mawaggali, mártir, que, siendo servidor del rey, iniciada la persecución rehusó impávido emprender la fuga y ofreció voluntariamente su pecho a las lanzas de los soldados, quienes, tras atravesárselo, lo colgaron de un árbol hasta que entregó el espíritu por Cristo.

Es uno de los mártires de Uganda. Nacido en el distrito de Singo, en la zona de Mityana, en 1851, pertenecía al clan del Antílope y era alfarero de profesión. Vino al conocimiento del cristianismo y se adhirió a Cristo, bautizándose el 1 de noviembre de 1885.

Nombrado catequista de la comunidad cristiana, cumplia su encargo con gran celo, y estaba precisamente dando catequesis en su casa cuando los emisarios reales vinieron a su poblado, Kiwanga, a poner fin a la comunidad cristiana. Se le avisó y pudo huir, pero no quiso abandonar su puesto y por ello fue martirizado. Atravesado primero con lanzas hasta dejarlo todo lleno de heridas, fue luego colgado de un árbol para que fuese pasto de los perros y fueron echadas a las hienas algunas vísceras suyas. Era el 31 de mayo de 1886. Su hermana Munaku, entonces catecúmena, presenció su martirio y manifestó el deseo de ser ella también martirizada, pero no lo fue. Vivió en la misión consagrada al Señor y aún vivía cuando los mártires fueron beatificados. Noé fue canonizado con los demás mártires el 18 de octubre de 1964.

(fuente: «Año Cristiano» - AAVV, BAC, 200; www.eltestigofiel.org)

otros santos 31 de mayo:

- Beato Mariano de Roccacasale
- Santa Camila Bautista de Varano

sábado, 30 de mayo de 2015

30 de mayo: San Humberto de Lieja

Humberto significa: el que tiene pensamientos luminosos (Hum, en su idioma = pensamientos, Bert = luminoso).

Es Patrono de los cazadores y de los obispos que tienen que gobernar regiones muy problemáticas.

Las antiguas tradiciones cuentan de él lo siguiente:

Humberto era hijo del rey Bertrand de Aquitania. De joven era muy aficionado a la cacería y valientísimo para luchar contra las fieras. Un día en un bosque su padre fue atacado por un oso furioso que lo iba a matar, pero el joven Humberto llegó a tiempo y arremetió tan fuertemente a la fiera feroz que ésta tuvo que soltar a Bertrand y así el rey salvó su vida.

Fue enviado a estudiar al palacio del rey de Neustria (Bélgica) pero allá había malas costumbres y salió huyendo para no volverse vicioso. Fue entonces al palacio del rey de Austrasia, donde recibió una buena educación, y se casó con una hija del rey y tuvo un hijo a quien llamó Floriberto.

Humberto olvidó los sabios consejos de su santa madre y se dedicó únicamente a fiestas y deportes y dejó de asistir al templo. Y un Viernes Santo en vez de ir a las ceremonias religiosas se fue de cacería. Peor sucedió que yendo en pleno bosque persiguiendo un venado, éste se detuvo repentinamente y los perros y los caballos saltaron asustados hacia atrás. Entre los cuernos del venado apareció una cruz luminosa y Humberto oyó una voz que le decía: "Si no vuelves hacia Dios, caerás en el infierno".

El joven príncipe se fue en busca del obispo San Lamberto, ante el cual pidió de rodillas perdón por sus pecados. El santo obispo le concedió el perdón y se dedicó a instruirlo muy esmeradamente en la religión. Poco después murió la esposa y entonces Humberto quedó libre para dedicarse totalmente a la vida espiritual. Renunció al derecho que tenía de ser heredero del trono, repartió sus bienes a los pobres y fue ordenado de sacerdote. Entró de monje en el convento de los Padres Benedictinos y se dedicó a la oración, a la lectura y meditación y a humildes trabajos en el conventos, como hortelano, y pastor de ovejas.

Deseaba ir a Roma a visitar la tumba de los Apóstoles San Pedro y San Pablo y a escuchar al Sumo Pontífice. Y se fue a pie escalando montañas cubiertas de hielo y atravesando en barcas pequeñas ríos crecidísimos, hasta que logró llegar, después de mil peligros, a la Ciudad Eterna.

Estando un día en un templo de Roma orando muy devotamente fue mandado llamar por el Sumo Pontífice Sergio, el cual le contó que a su santo obispo Lamberto lo habían asesinado los enemigos de la religión y que al Papa le parecía que el mejor para reemplazar al obispo muerto era él, el monje Humberto. Aunque tenía miedo de aceptar tan alto cargo, una visión sobrenatural lo convenció de que debía aceptar, y fue consagrado obispo de la Iglesia Católica.

El territorio que le correspondió gobernar a San Humberto estaba poblado por gentes que adoraban ídolos y eran muy crueles. El fue recorriendo todas las regiones enseñando la verdadera religión y alejando a la gente de las falsas creencias y dañosas supersticiones. Dios le concedió el don de hacer milagros. Los que tenían malos espíritus, al encontrarse con el santo recobraban la paz, y el mal espíritu se les alejaba. Los que antes adoraban ídolos y dioses falsos, al oírlo predicar tan hermosamente acerca del Dios del cielo que hizo la tierra, y todo cuanto existe, exclamaban: "Nunca nos habían hablado así", y se convertían y se hacían bautizar.

Por ríos tormentosos y cruzando selvas tenebrosas y haciendo viajes muy agotadores, y recorriendo los campos en procesión cantando y rezando, visitó todo el territorio de su diócesis, ofreciendo, los sacrificios de sus viajes, por la conversión de los pecadores, y Dios le respondió concediéndole que miles y miles se convirtieran a la verdadera fe.

Un día vio que ardía en llamas la casita de una pobre mujer. Se puso a rezar con toda fe y el incendio se apagó milagrosamente.

Le construyó un templo al santo obispo asesinado, San Lamberto, y llevó allá las reliquias del mártir (el cuerpo de Lamberto, al abrir su sepulcro después de varios años de enterrado, estaba incorrupto, como recién sepultado). Al paso de los restos del santo obispo varios paralíticos quedaron sanados y empezaron a andar, y varios ciegos recobraron la vista.

Un día mientras Humberto celebraba la misa entró al templo un hombre loco porque lo había mordido un perro con hidrofobia (o enfermedad de la rabia). Toda la gente salió corriendo a la plaza, pero el santo le dio una bendición al loco enfermo y éste quedó instantáneamente sano y salió a la plaza gritando: "Vuelvan tranquilos al templo que el santo obispo me ha curado con su bendición". Por esto las gentes han invocado a San Humberto contra las mordeduras de perros rabiosos.

Otro día se acercó a la orilla del mar y vio que una terrible tempestad hundía una barca llena de gente y que todos los pasajeros caían entre las embravecidas olas. El santo se arrodilló a orar por ellos y milagrosamente los náufragos salieron a la orilla sanos y salvos. Por eso los marineros le han tenido mucha fe a San Humberto.

En el año 727 Dios le anunció que pronto iba a morir, y al terminar una misa les dijo a los fieles: "Ya no volveré a beber este cáliz entre vosotros". Poco después se enfermó y murió santamente, dejando entre las gentes el recuerdo de una vida dedicada totalmente al bien de los demás.

Señor Jesús: envíanos muchos pastores santos y generosos como San Humberto, que consagren totalmente su existencia a la salvación de las almas y a hacerte amar más y más.

Si Dios está con nosotros ¿Quién podrá contra nosotros? (S. Pablo).

(fuente: www.ewtn.com)

otros santos 30 de mayo:

viernes, 29 de mayo de 2015

29 de mayo: Santos Sisinio, Martorio y Alejandro

Mártires muertos en Medol (Tirol) el 29 de mayo del 397.

Aunque el cristianismo estaba a punto de convertirse en religión de Estado, los cristianos todavía eran perseguidos en unos lugares del Imperio. Algunos funcionarios cerraban los ojos, e incluso llegaban a ser cómplices. Así murieron Sisinio, Martorio y Alejandro, misioneros que Vigilio, obispo de Trento, había enviado a divulgar el Evangelio en esa diócesis.

Sisinio era un diácono originario de Capadocia, Martorio y su hermano Alejandro no habían recibido más que órdenes menores: de lector y de portero.

Al llegar, los notables del lugar los sometieron a mil vejaciones, bajo la mirada indiferente de las autoridades. El enojo de estos paganos se aumentó cuando les vieron construir una iglesia y realizar conversiones. Y se desencadenó el día en que Sisinio fue a retirar con sus manos a un neófito al que querían sacrificar a los dioses.

Se lanzaron sobre la iglesia para saquearla y le rompieron el cráneo a Sisinio con el cuerno que servía para llamar a la oración. Ataron a Martorio a un árbol del jardín y le atravesaron el pecho y el vientre con palos puntiagudos. A su compañero Alejandro, lo pasearon por el pueblo con un cencerro colgado al cuello y después lo tiraron vivo a una hoguera en la que ya ardían los cuerpos de sus compañeros.

(fuente: lasagradafamilia.org.ar)

otros santos 29 de mayo:

- Santa Úrsula Ledóchowska
- Santos Félix y Voto

jueves, 28 de mayo de 2015

28 de mayo: San Germán de París

Gran parte de su vida la conocemos por el testimonio de su colega el obispo Fortunato que asegura estuvo adornado del don de milagros.

Nació Germán en la Borgoña, en Autun, del matrimonio que formaban Eleuterio y Eusebia en el último tercio del siglo V. No tuvo buena suerte en los primeros años de su vida carente del cariño de los suyos y hasta estuvo con el peligro de morir primero por el intento de aborto por parte de su madre y luego por las manipulaciones de su tía, la madre del primo Estratidio con quien estudiaba en Avalon, que intentó envenenarle por celos.

Su pariente de Lazy con quien vive durante 15 años es el que compensa los mimos que no tuvo Germán en la niñez. Allí sí que encuentra amor y un ambiente de trabajo lleno de buen humor y de piedad propicio para el desarrollo integral del muchacho que ya despunta en cualidades por encima de lo común para su edad.

Con los obispos tuvo suerte. Agripin, el de Autun, lo ordena sacerdote solucionándole las dificultades y venciendo la resistencia de Germán para recibir tan alto ministerio en la Iglesia; luego, Nectario, su sucesor, lo nombra abad del monasterio de san Sinforiano, en los arrabales de la ciudad. Modelo de abad que marca el tono sobrenatural de la casa caminando por delante con el ejemplo en la vida de oración, la observancia de la disciplina, el espíritu penitente y la caridad.

Es allí donde comienza a manifestarse en Germán el don de milagros, según el relato de Fortunato. Por lo que cuenta su biógrafo, se había propuesto el santo abad que ningún pobre que se acercara al convento a pedir se fuera sin comida; un día reparte el pan reservado para los monjes porque ya no había más; cuando brota la murmuración y la queja entre los frailes que veían peligrar su pitanza, llegan al convento dos cargas de pan y, al día siguiente, dos carros llenos de comida para las necesidades del monasterio. También se narra el milagro de haber apagado con un roción de agua bendita el fuego del pajar lleno de heno que amenazaba con arruinar el monasterio. Otro más y curioso es cuando el obispo, celoso que de todo hay por las cosas buenas que se hablan de Germán, lo manda poner en la cárcel por no se sabe qué motivo (quizá hoy se le llamaría «incompatibilidad»); las puertas se le abrieron al estilo de lo que pasó al principio de la cristiandad con el apóstol, pero Germán no se marchó antes de que el mismo obispo fuera a darle la libertad; con este episodio cambió el obispo sus celos por admiración.

El rey Childeberto usa su autoridad en el 554 para que sea nombrado obispo de París a la muerte de Eusebio y, además, lo nombra limosnero mayor. También curó al rey cuando estaba enfermo en el castillo de Celles, cerca de Melun, donde se juntan el Yona y el Sena, con la sola imposición de las manos.

Como su vida fue larga, hubo ocasión de intervenir varias veces en los acontecimientos de la familia real. Alguno fue doloroso porque un hombre de bien no puede transigir con la verdad; a Cariberto, rey de París el hijo de Clotario y, por tanto, nieto de Childeberto, tuvo que excomulgarlo por sus devaneos con mujeres a las que va uniendo su vida, después de repudiar a la legítima Ingoberta.

El buen obispo parisino murió octogenario, el 28 de mayo del 576. Se enterró en la tumba que se había mandado preparar en san Sinfroniano. El abad Lanfrido traslada más tarde sus restos, estando presentes el rey Pipino y su hijo Carlos, a san Vicente que después de la invasión de los normandos se llamó ya san Germán. Hoy reposan allí mismo y se veneran en una urna de plata que mandó hacer a los orfebres el abad Guillermo, en el año 1408.

(fuente: es.catholic.net)

otros santos 28 de mayo:

miércoles, 27 de mayo de 2015

27 de mayo: San Juan El Ruso

Etimológicamente significa “Dios es misericordia”. Viene de la lengua hebrea.

Lo que Dios pide, te lo da. Atraído por distintas opciones a la vez, lo que importa es reemprender el camino sin dejarlo para más tarde. Atrévete en aquel instante a darle tu confianza, sin retrasarte en los terrenos pantanosos de tus indecisiones.

Este joven nació en un pueblo de la actual Bielorusia. Su carrera fue la militar, en la armada del zar.

En 1672, durante la guerra que sostuvieron los rusos y los turcos, Juan fue hecho prisionero.

Para colmo de males, ya en libertad, lo capturaron los Tártaros. Y sin ninguna conciencia, se lo vendieron a un Turco, oficial de Caballería.

Se lo llevó consigo a Capadocia.

El musulmán no sabía qué hacer para renegara de su fe cristiana. Juan se resistía siempre con valentía, a pesar de que le diera buenas palizas.

Sin embargo, al ver lo humilde y el valor que tenía para no hacerle frente y darle la cara, dejó de tiranizarlo.

Le dio el encargo de las caballerizas. No lo trataba bien , en cuanto que le dejaba dormir en medio de los caballos, tendido en la paja. Cuando salía su dueño, él tenía que seguirle con los pies descalzos y en cuclillas.

En la víspera de su muerte, un sacerdote le llevó la comunión con la hostia escondida en una manzana.

Juan recibió el sacramento de la Unción de los enfermos y murió en el Señor, en el año 1730.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

(fuente: catholic.net)

otros santos 27 de mayo:

- San Agustín de Canterbury
- San Bruno de Würzburg

martes, 26 de mayo de 2015

26 de mayo: San Desiderio de Vienne

Desiderio de Viena o de Autun (Autun, Borgoña, ca. 550 - Priscianum Vicus, actual Saint-Didier-sur-Chalaronne, Ain, 608), en francés Didier fue un religioso burgundés, obispo de Vienne. Muerto como mártir, es venerado como santo por diversas confesiones cristianas.

Nació en Autun hacia el 550, en una familia de la nobleza de la ciudad, por la cual recibió una buena educación; fue discípulo del futuro San Siagrio de Autun. Vienne era entonces un importante centro de cultura romana en el reino de los burgundios, pero hacia 534 la situación empeoró y faltaba personal eclesiástic, hasta al punto que no había obispos en Lyon. Desiderio se dedicó a enseñar y formar laicos y eclesiàsticos para mantener la cultura clásica y cristiana.

En 590 fue nombrado arzobispo de Vienne. El papa Gregorio el Grande le apoyaba, pero luego le atacó porque continuaba enseñando, y no sólo gramática latina sino también la poetarum enarratio, donde se explicaban fábulas y mitos paganos usados por los escritores, la cual cosa contradecía su faena pastoral para erradicar estas creencias.

En 603 fue depuesto por haberse aliado con el obispo Aridio de Lyon contra las autoridades civiles. Murió lapidado en el Priscianum Vicus, actual Saint-Didier-sur-Chalaronne después de haber sido conducido, bajo escolta real, a Chalon-sur-Saône o Autun. Es improbable que, como dice la tradición, muriera por orden de la reina Brunegilda, ya que esta siempre había buscado el apoyo de los obispos para mantener la autoridad del derecho imperial romano sobre las costumbres de los francos. Las crónicas posteriores acusan la reina sin fundamento. Según estas, Desiderio había cuestionado que sus hijos fuesen legítimos.


Veneración

Inmediatamente fue considerado mártir. El lugar donde murió, Priscianicum o Priscianum Vicus, cambió el siglo X por el de Saint-Didier, en homenaje al santo. Su tumba estaba en este sitio y encima suyo se erigió una capilla, después parroquia.

El rey visigodo Sisebuto escribió en el siglo VII una vida del santo; posteriormente, Adón de Vienne escribió otra.

Bibliografía: Alban Butler, Vie des Pères, Martyrs et autres principaux Saints

(fuente: wikipedia.org)

otros santos 26 de mayo:

- San Felipe Neri
- Beatos Esteban de Narbona y Raimundo de Carbona

lunes, 25 de mayo de 2015

25 de mayo: Santa Magdalena Sofía Barat

Sofía Barat nació en la noche del 12 de diciembre de 1779 en Joigny, situada en el actual departamento del Yonne (Francia), la última de una familia de tres hijos. Los padres de Sofía provenían ambos de familias de toneleros, pertenecían a la pequeña burguesía rural, en progresiva ascensión social, era una familia acomodada que comprendía la importancia de los estudios.

Desde niña tuvo pasión por aprender, por ello, se entregó al estudio del latín, el griego, la historia, la física y las matemáticas. También se formó intensamente en el dominio de sus emociones y la voluntad Sofía a los cinco años decidió consagrase a Dios. En 1789, hizo su primera comunión y a los catorce años, decide hacer voto de virginidad.

En Septiembre de 1795, su hermano la instaló en París, para proseguir, bajo se dirección, sus estudios y formación religiosa. Sofía se encarga de la enseñanza de los niños del barrio, segurando así la enseñanza del catecismo, y prosigue su formación religiosa y profana, rodeada de algunas jóvenes, con las que comienza un ensayo de vida común.

En otoño de 1800 la Santa fue llamada por el Padre Varín, de la Compañía de Jesús, para que le ayude con su plan de reestablecer la educación en las escuelas católicas, las cuales habían sido suprimidas a causa de la Revolución Francesa.

El Padre Varín, le expuso también a la Santa, el proyecto de fundar una congregación de educadoras, inspirada por la devoción al Sagrado Corazón de Jesús. Santa Magdalena aceptó humildemente ayudar en tal misión, llena de desconfianza en sus fuerzas; "Lo acepté todo, sin comprender ni prever nada", dijo.

El 21 de noviembre de 1800, la Santa partió a Amiens para enseñar en una escuela que fue el primer convento de la congregación. A los 23 años, siendo la más joven de su comunidad, fue nombrada para gobernar la congregación.

Fundó 105 casas; muchas de ellas en Francia, Roma, Inglaterra, Austria y Suiza.

Llena de amor por la juventud, la Santa trataba de fundar en cada sitio posible, una escuela para niñas pobres y un pensionado. Como no podía visitar tantas fundaciones, se mantenía en contacto a través de la innumerable cantidad de cartas que escribía. Se encargaba también de la administración de la casa madre y de atender las visitas que llegaban para pedirle consejo. En una de sus cartas escribió: " El trabajo excesivo es un peligro para las almas imperfectas; pero las perfectas obtienen, por ese medio, una rica cosecha".

En diciembre de 1826, el Papa León XII aprobó oficialmente la Sociedad del Sagrado Corazón. En 1864, a los 85 años de edad, la Santa pide al Congreso General que se le permitiera renunciar a su cargo, pero la asamblea no permitió más que se nombrase una vicaria que le ayudase en el trabajo.

El 21 de mayo de 1865, la Santa sufre de un ataque que la deja paralítica y cuatro días más tarde, en la fiesta de Asunción, muere. Fue canonizada en 1925.

(fuente: www.sagrado.edu.ar)

otros santos 25 de mayo:

- Santa Magdalena de Pazzi
- San Cristóbal Magallanes Jara

domingo, 24 de mayo de 2015

24 de mayo: San Vicente de Lérins

Escritor eclesiástico del sur de la Galia del siglo V; se celebra el 24 de mayo.

Su obra es más conocida que su vida. Casi todo lo que sabemos de él está recogido en “De viris illustribus” (lxiv) de Genadio. Ingresó en el monasterio de Lérins (llamada hoy Isla de San Honorato), donde, bajo el pseudónimo de Peregrino, escribió su “Commonitorio" (434). Murió antes del 450, probablemente poco después del 434. San Eucherio de Lyon habla de él como de un hombre santo, reputado por su elocuencia y sabiduría. No hay pruebas evidentes que identifiquen a Vicente con Mario Mercator, pero sí es probable, si no cierto, que Vicente sea el autor contra el que Próspero, el amigo de San Agustín, dirige sus "Responsiones ad capitula objectionum Vincentianarum", ya que Vicente era semipelagiano, y por ello, contrario a la doctrina de San Agustín.

Hoy se considera que [Vicente] empleó contra San Agustín su principio básico: “debe considerarse como cierto aquello que ha sido creído por todos, siempre y en todas partes”. Dado que vivía en un lugar profundamente influido por el semipelagianismo, los escritos de Vicente muestran varios puntos doctrinales cercanos a Casiano y a Fausto de Riez, que se convirtió en abad de Lérins en la época en la que Vicente escribió el "Commonitorio", y usan expresiones técnicas muy parecidas a las empleadas por los semipelagianos contra Agustín; pero, como observa Benedicto XIV, eso ocurrió antes de que la Iglesia decidiese la controversia.

El “Commonitorio” es la única obra de Vicente que se ha conservado cuya autoría se le atribuye con certeza. Las “Objetiones Vicentianae” sólo las conocemos a través de la refutación de Próspero. Parece probable que colaborara —o al menos las inspirara— en las “Objetiones Gallorum”, contra las que Próspero también escribe en su libro.

La obra contra Potino, Apolinar, Nestorio, etc, que pretendía emprender (Commonitorio, xvi), si alguna vez la llegó a escribir, no ha llegado a nuestros días. El “Commonitorio”, escrito por su autor como un libro de apuntes que le sirviera de recordatorio, ayuda y guía en la fe siguiendo la tradición de los Padres, comprendía dos “commonitoria” diferentes, de los cuales el segundo no se conserva, salvo por el pequeño resumen que aparece al final del primero, hecho por el propio autor, que se queja de que alguien se lo ha robado. Ni Genadio, que escribió hacia los años 467-80, ni ninguno de los manuscritos que hoy conocemos han permitido hallar ninguna otra huella de él.

Es difícil determinar exactamente en qué se diferenciaba el segundo “commonitorium” del primero. En el que se ha conservado desarrolla (capítulos i-ii) una regla práctica para distinguir la herejía de la verdadera doctrina: básicamente la Sagrada Escritura, y, si ello no bastara, la tradición de la Iglesia Católica. Aquí se halla el famoso principio que fue fuente de tanta controversia durante el Concilio Vaticano II: "Magnopere curandum est ut id teneatur quod ubique, quod semper, quod ab omnibus creditum est". Cuando alguna nueva doctrina surja en el seno de la Iglesia —donatismo, por ejemplo— habrá que adherirse con firmeza a la creencia de la Iglesia Universal; y suponiendo que la nueva doctrina fuera de tal naturaleza que llegara a contaminarla casi por completo, como ocurrió con el arrianismo, habrá que aferrarse a la doctrina de más antigüedad; si incluso en ella hallamos algún error, sostendremos lo establecido por los Concilios generales, o en su defecto, lo aprobado por aquellos que en diferentes épocas y lugares se mantuvieron siempre firmes en la unanimidad de la fe católica (iii-iv).

Estos principios han sido aplicados por San Ambrosio y los mártires en la lucha contra donatistas y arrianos, y por San Esteban, que luchó contra el rebautismo; también los hallamos en San Pablo (viii-ix). Si Dios permite que nuevas doctrinas heréticas o desviadas sean enseñadas por hombres distinguidos como Tertuliano, Orígenes, Nestorio, Apolinar, etc. (x-xix), no es sino para ponernos a prueba. El católico no admite ninguna de estas novedosas doctrinas, como vemos en I Tim., vi, 20-21 (xx-xxii, xxiv). Sin por ello negar toda oportunidad de progresar en la fe, sino antes bien para que ésta crezca como e grano y la semilla o en el mismo sentido y en el mismo pensamiento, “eodem sensu ac sententia”, aquí es donde viene el conocido pasaje sobre el desarrollo dogmático: "crescat igitur. . ." (xxiii). El hecho de que los herejes usen la Biblia lo les libra en absoluto de ser herejes, ya que la usan para un mal fin, que les hace merecedores del demonio (xxv-xxvi). El católico interpreta las Escrituras según las reglas arriba enumeradas (xxvii-xxviii). A continuación concluye con una recapitulación de todo el "Commonitorium" (xxix-xxx).

Todo esto, escrito en un estilo literario, plagado de expresiones clásicas, pero con una línea de desarrollo discursivo fácil y hasta familiar, con digresiones a cual más comunicativa que se multiplican una tras otra. Las dos ideas clave que más llaman la atención de todo el libro son la que concierne a la fidelidad a la tradición (iii y xxix) y al progreso de la doctrina católica (xxiii). La primera, llamada a menudo el canon de Vicente de Lérins -que Newman consideraba más adecuado para determinar lo que no es que lo que es Doctrina católica- ha sido a menudo objeto de controversias. Según su autor, este principio debería decidir el valor de un nuevo punto doctrinal antes de que la Iglesia emita su juicio sobre él. Vicente lo propone como medio para poner a prueba las novedades que puedan surgir respecto a un punto doctrinal. Este canon ha sido interpretado de diferentes maneras; algunos autores creen que su verdadero significado no es el que Vicente pretendía cuando lo usó contra las ideas de Agustín. No puede negarse que, a pesar de lo lúcido de su formulación, la explicación del principio y su aplicación a hechos históricos no siempre es fácil; incluso teólogos como de San y Franzelin, cuyos puntos de vista suelen coincidir, están en desacuerdo en esto. Vicente muestra claramente que su principio debe ser entendido en un sentido relativo y disyuntivo, y no de una manera absoluta uniendo los tres principios en uno: “ubique, semper, ab omnibus”; antigüedad no debe entenderse en sentido relativo, sino en el sentido de un relativo consenso de la antigüedad. Cuando habla de las creencias generalmente admitidas es más difícil establecer si se refiere a creencias implícita o explícitamente admitidas; para las segundas, el canon es verdadero y aplicable en ambos sentidos: afirmativo (lo que es católico) y negativo o exclusivo (lo que no es católico); para las primeras, el canon es verdadero y aplicable en sentido afirmativo, pero ¿puede decirse lo mismo en su sentido negativo o exclusivo sin poner a Vicente en contradicción con todo lo que él mismo afirma sobre el progreso de la doctrina revelada?

El "Commonitorium" ha sido abundantemente traducido y publicado. Señalaremos aquí la primera edición de Sichardus, de 1528, y las de Baluze (1663, 1669, 1684, París), de las cuales la mejor es la última, que aúna el contenido de los cuatro manuscritos que se conservan. Éstos fueron usados también para la edición de Rauchsen en su nueva y cuidada selección ("Florilegium patristicum", V, Bonn, 1906). De uso académico son las de Julicher (Friburgo, 1895) y Hurter (Innsbruck, 1880, "SS. Patrum opuscula selecta", IX), con útiles notas.

BARDENHEWER-SHAHAN, Patrology (St. Louis, 1908), 520-2; Kiln, Patrologie, II (1908), 371-5; KOCH, Vincent von Lérins und Gennadius in Texte und Untersuchungen, XXXI, 2 (1907); BUNETIERE, and DE LABRIOLLE, S. Vincent de Lérins; La pensee chretienne (Paris, 1906).

escrito por J. DE GHELLINCK 
Transcrito por Barbara Jane Barrett 
Traducido por Alejandra G. Bonilla
(fuente: ec.aciprensa.com)

otros santos 24 de mayo:

sábado, 23 de mayo de 2015

23 de Mayo: San Guiberto de Gembloux

Guiberto descendía de una de las más ilustres familias de Lotaringia. Después de una brillante carrera militar, Guiberto se sintió llamado por Dios a abandonar el mundo y practicar la vida solitaria en una de sus posesiones.

Durante sus años de vida eremítica, maduró el proyecto de fundar un convento en que los monjes, totalmente retirados del mundo, se consagrasen a cantar incesantemente las divinas alabanzas; la abuela de san Guiberto, que se llamaba Gisla, contribuyó a la dotación de la fundación.

El primer abad fue un hombre de Dios, llamado Herluino. En cuanto el nuevo convento quedó organizado, San Guiberto se retiró a la abadía de Gorze, en la que tomó el hábito; así pudo librarse de las muestras de respeto que le prodigaban los monjes de Gembloux y evitar toda forma de complacencia.

El santo esperaba vivir en Gorze como el último de los monjes, olvidado de todos; pero pronto comprendió que era imposible interrumpir de golpe toda relación con Gembloux. Las tierras que había regalado a la abadía formaban parte de un feudo imperial y no faltaron quienes persuadieron al emperador Otón I de que Guiberto no tenía derecho a disponer de ellas.

El monarca convocó a Guiberto a la corte para que se justificase: tan bien supo el santo defender sus derechos, que Otón I confirmó por un documento la fundación de la abadía y, más tarde, le concedió grandes privilegios. Pero el documento imperial no bastó para que se dejase en paz a los monjes.

El conde de Namur, cuñado de san Guiberto, reclamó, en nombre de su esposa, las tierras de la abadía y confiscó las rentas. Así pues, san Guiberto tuvo que volver, durante algún tiempo, a Gembloux para defender sus derechos y proteger la abadía que había fundado. Aprovechó la ocasión para evangelizar la región y convirtió a muchos de los húngaros y eslavos que se habían establecido ahí, después de la invasión del año 954.

San Guiberto pasó los últimos años de su vida en Gorze, donde sufrió una dolorosa enfermedad. Murió a los setenta años de edad, el 23 de mayo de 962. Su tumba se vio honrada con numerosos milagros.

(fuente: www.catolitel.mx)

otros santos 23 de mayo:

- Beato Juan de Prado
- San Juan Bautista de Rossi

viernes, 22 de mayo de 2015

22 de mayo: San Juan Vladimiro

Príncipe

Zeta (Montenegro), siglo X – Prespa (Macedonia), Mayo 22, 1016.

Etimológicamente significa “Dios es misericordia” y “grande en poder”. Vienen de la lengua hebrea y de la alemana.

Este joven, principe de Zeta (y no rey de Dalmacia como aseguran algunos), tuvo que actuar contra Samuel, Zar de Macedonia, porque le había declarado la guerra.

Quería el macedonio apoderarse de su pequeño reino. El joven principe Juan Vladimiro perdió la guerra y sus Estados.

Y para colmo, se lo llevaron cautivo al país balcánico (Macedonia). Menos mal que le permitieron que pudiera recibir visitas una vez a la semana.

Una de estas visitas que le gratificaron mucho, fue la de la hija de Samuel. Era una ferviente cristiana. Fue a lavarle los pies, como hizo Cristo en el Evangelio, al rey destronado. Ella le decía a su padre:"¿Dónde está aquel con quien me voy a casar? ¿Es que no hay nadie?".

La princesa se había enamorado locamente del rey encarcelado. Se lo comunicó al padre. Este, más o menos por las buenas y pensando en el bien de su hija, permitió el casamiento.

Ya casados, volvieron a Zeta, en donde vivieron unos años de paz y de felicidad.

A la muerte de Samuel, un desalmado asesinó a su hijo y al heredero, se apoderó del trono y tomó la decisión de apoderarse también de Zeta.

Con falsas apariencias y muchos halagos, propio de algunos cortesanos, invitó a Vladimiro a su corte. Y mientras salía de la capilla en la que había estado orando al Señor y a la Virgen durante un buen rato, unos sicarios le dieron muerte.

Juan Vladimiro se convirtió en un santo muy popular en los Balcanes.

Comenzaron a cantar sus canciones de gesta, sus méritos y sus desgracias. La iglesia le dio desde entonces el culto propio de un mártir.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

(fuente: catholic.net)

otros santos 22 de mayo:

- Beato Juan Forest
- Santa Rita de Casia

jueves, 21 de mayo de 2015

21 de mayo: Beato Manuel Gómez González

Nació el 29 de mayo de 1877 en As Neves (cerca de Tuy, provincia de Pontevedra, España). Al día siguiente fue bautizado en la iglesia parroquial. Era el hijo primogénito de José Gómez Rodríguez y Josefa González Durán. Recibió la confirmación el 20 de septiembre de 1878.

Después de los estudios de primaria en su pueblo natal, entró en el seminario menor diocesano de San Pelayo, en Tuy. Luego pasó al seminario mayor, donde hizo los estudios de filosofía y teología. Recibió la ordenación sacerdotal el 24 de mayo de 1902.

Durante el breve período de tiempo que permaneció en su diócesis, ejerció el ministerio sacerdotal como coadjutor en la parroquia de As Neves, pero en 1905, con los debidos permisos, se incardinó en la vecina archidiócesis de Braga (Portugal). Allí, su primer cargo fue el de párroco de Nossa Senhora di Extremo, en Valdevez (1906-1911). Luego fue trasladado a las parroquias de Taias y Barroças, en Monsão, donde estuvo hasta 1913 cuando, a causa de la persecución religiosa en Portugal, le permitieron partir para Brasil.

En este nuevo destino, después de una breve estancia en Río de Janeiro, monseñor Miguel de Lima Valverde, lo acogió en la diócesis de Santa María (Rio Grande do Sul). Cuando el párroco de Saudade, João Antônio Faria, también él de la archidiócesis de Braga, tuvo que volver a Portugal por enfermedad de su padre, don Manuel lo sustituyó durante varios meses; al regresar don João, le ayudó como coadjutor hasta que, a fines del año 1915, el obispo nombró al padre Manuel párroco de Nonoai.

En su parroquia, que tenía una extensión inmensa, promovió y organizó la catequesis; impulsó la participación de los fieles en las santas misas y en los sacramentos. Con tenacidad y gran celo apostólico logró vencer la indiferencia de mucha gente; asimismo, contribuyó a mejorar la calidad de vida de los fieles.

Allí llevó a cabo una labor pastoral tan intensa que en ocho años cambió el rostro de la parroquia, cuidando también de los indios. Recorrió a lo largo y a lo ancho el territorio de su vasta parroquia, fundando pequeñas comunidades. Dado que no había escuelas en aquellos lugares, abrió una en su propia casa; en ella enseñaba gratuitamente a niños y adolescentes. Además, como había gran carestía de todo, con espíritu de iniciativa, construyó un horno para la fabricación de ladrillos; así pudo edificar la casa parroquial y viviendas para la población, que destinó a los más pobres, los cuales no necesitaban pagar alquiler. Restauró la iglesia y se esforzó por fomentar el cultivo de arroz y patatas.

Como atestiguan quienes le conocieron, era un sacerdote alegre y caritativo. Sufría con los que sufrían. Hacía siempre el bien. Sepultaba a los muertos y ayudaba a las viudas.

Carmelinda Daronch Socal, hermana del acólito Adílio, muerto mártir con don Manuel, atestiguó: "Era muy amable y respetado por todos. Era considerado la persona más importante del lugar. Aconsejaba a las personas. Era caritativo. Poseía un carisma muy especial. Don Manuel enseñaba a orar, a leer y a escribir. Sus misas eran muy hermosas. Yo participaba siempre en las celebraciones con mi familia".

Otra hermana de Adílio, Zolmira, también da un testimonio de su admiración por el santo párroco: "Don Manuel era una persona muy amiga de mi familia. Él y mi padre dialogaban con frecuencia. Fue él quien me dio la primera Comunión. Todos los parroquianos lo admiraban porque era una de las pocas personas que se preocupaba de la gente e instruía a los fieles. Don Manuel era simpático, amable, humilde; tenía buenas relaciones con todos. Era un hombre trabajador, recorría todos los lugares a lomos de su asno".

En varias ocasiones debió ocuparse incluso de la vecina parroquia de Palmeiras das Missões, en calidad de administrador, en la región de Colônia Militar, cerca del río Uruguay, en las inmediaciones de la frontera con Argentina. Fue precisamente en el territorio de esta segunda parroquia encomendada a su cuidado pastoral donde sufrió el martirio.

En el mes de mayo de 1924, el obispo de Santa María, monseñor Àtico Eusébio da Rocha, le pidió que fuera a visitar a un grupo de colonos brasileños de origen alemán instalados en la floresta de Três Passos. El padre Manuel celebró la Semana santa en la parroquia de Nonoai; luego emprendió el viaje, acompañado del joven Adílio, sin preocuparse de los peligros de esa región, sacudida por movimientos revolucionarios.

La primera etapa fue Palmeiras das Missões —distante 80 km—, donde administró los sacramentos. Prosiguió después su viaje hasta Braga y, luego, a Colônia Militar donde, el 20 de mayo de 1924, celebró por última vez la santa misa.

Los fieles indígenas avisaron al sacerdote del peligro que correría si penetraba en la floresta, pero él no les hizo caso, porque ardía en deseos de llevarles la gracia divina.

Al llegar a un emporio, en busca de informaciones sobre cómo llegar a los colonos de Três Passos, se encontraron con algunos militares que, amablemente, se ofrecieron para acompañarlos. En verdad, se trataba de una emboscada organizada premeditadamente. El padre Manuel y su fiel monaguillo Adílio, que entonces sólo tenía dieciséis años, en realidad fueron llevados a una zona remota de la floresta, donde los esperaban los jefes militares para asesinarlos.

Un testigo narra: "No había pasado media hora cuando repentinamente se escucharon varios disparos procedentes del bosque, a poca distancia de donde nos encontrábamos. Eran las nueve de la mañana del miércoles 21 de mayo de 1924. Nos preguntábamos a qué habían disparado los soldados. Luego, cuando, media hora después, volvieron los militares, nadie se atrevía a decir nada, por miedo a los revolucionarios, y menos a ir al bosque a averiguar lo que había pasado. Podía haber sucedido cualquier cosa.

Al día siguiente, jueves, por la tarde, aparecieron dos asnos sin aparejos, comiendo. El campesino del lugar, al no conocerlos, los echó de allí; por la tarde, llegaron a la tierra del señor Diesel, el cual reconoció que eran los asnos del sacerdote y del muchacho. Sin perder un instante, montó a caballo y fue de prisa hasta la capilla católica de Três Passos. Al llegar, preguntó: ¿Ha llegado el padre Manuel para celebrar la misa? Le respondieron que no. Entonces dedujeron que los habían matado en la floresta de Feijão Miúdo".

Efectivamente, don Manuel Gómez González y Adílio Daronch, en un altozano, habían sido maltratados, y luego atados a dos árboles y fusilados, muriendo así por odio a la fe cristiana y a la Iglesia católica.

(fuente: www.vatican.va)

otros santos 21 de mayo:

miércoles, 20 de mayo de 2015

20 demayo: San Arcángel Tadini

«Apóstol del mundo laboral»

Madrid, 20 de mayo de 2013 (Zenit.org) «La caridad no conoce el orgullo salvo para triunfar sobre él, no conoce el amor propio sino para sacrificarlo, ni a la naturaleza sino para hacerla perfecta, ni al hombre sino para hacerle santo». Quién esto expresaba quemó las naves para alzar el vuelo conquistando la eternidad. Nació en Verolanuova, Brescia, Italia, el 12 de octubre de 1846. Era fruto del segundo matrimonio de su padre, que fue secretario del ayuntamiento, y que había enviudado muy joven de sus primeras nupcias; fruto de esta unión vinieron al mundo siete hijos. Desde el principio Arcángel tuvo una salud delicada, al punto de que a los 2 años se temió por su vida ya que estuvo al borde de la muerte. En 1864 inició los estudios eclesiásticos en el seminario de Brescia, donde le había precedido su hermano Julio. Precisamente en la primera misa oficiada por éste en la casa familiar de Verola, Arcángel se había sentido particularmente conmovido y llamado a ser sacerdote como él. Aunque en esta decisión influyeron otros factores históricos. Porque la Italia de su tiempo estaba inmersa en una lucha anticlerical. La Revolución francesa dejó un reguero de mártires en la Iglesia, tanto de religiosos como de sacerdotes, sufriendo destierro otros muchos. Y estos hechos calaron en el santo: «fue entonces cuando me decidí a ser clérigo». En el seminario se distinguió por su piedad y por su obediencia. En esa época sufrió una funesta caída quedando afectada su pierna derecha; le dejó marcado de por vida con una cojera.

Culminó los estudios en 1870 y fue ordenado sacerdote. Su fidelidad a la Iglesia y al Santo Padre le infundían el anhelo de poner a su servicio cualquier medio que tenía a su alcance para defenderlos. Abrió brecha en el apostolado en consonancia con los nuevos tiempos. Observaba que en medio de tantos contratiempos y de situaciones tensas creadas por los incrédulos –esto es, los que tenían a la Iglesia en el punto de mira crítico–, la llama de la caridad cristiana y los rasgos de piedad se mantenían vivos en el hogar de numerosas personas. El primer año de su ministerio Arcángel tuvo que permanecer en el domicilio familiar restableciéndose de la lesión contraída. De 1871 a 1873 estuvo afincado en Lodrino. Después, fue trasladado al santuario de Santa María de la Nuez, de Brescia, y durante ese tiempo ejerció como maestro. Sumamente atento con las personas necesitadas, les ayudó siempre; especialmente se ocupó de las que perdieron todos los enseres por causa de una riada, consiguiendo comida para varios centenares que alojó en la parroquia. Su celo apostólico y su buen hacer hizo que se pensase en él para ocuparse de una parroquia con feligresía delicada, la de Botticino Sera. Llegó en 1885 para ser su coadjutor. Enseguida constató el escaso cuando no nulo entusiasmo que los ciudadanos mostraban hacia la fe. Pero le animaba un ímpetu y espíritu de entrega tales que fue conquistándolos y, a su tiempo, una mayoría se irían convirtiendo. Frágil de salud, confiándose a la divina providencia, estaba inmerso en la oración y la penitencia. Muchas horas del día las dedicaba a la confesión, cuidaba la liturgia, y era especialmente devoto de la Eucaristía. Fue un hombre austero, un predicador excepcional, tenía grandes dotes de oratoria de las que se aprovechó para inculcar principios morales en los fieles con fuerza y persuasión. Muchas personas acogían sus palabras con gran emoción y deseos de penitencia. Fue nombrado párroco arcipreste de esta Iglesia a los 41 años, y allí celebraría, poco antes de sorprenderle su muerte, las bodas de plata sacerdotales.

Una de sus líneas de acción apostólicas fueron los niños. No solo les instruía en la fe, también se ocupaba de su salud, de que tuviesen buenas pautas higiénicas y les animaba en sus estudios. Además, hizo de ellos buenos monaguillos. Para niños y jóvenes Arcángel fue como un buen padre. Entre otras muchas acciones apostólicas, estableció la escuela de canto, introdujo el canto gregoriano e incluso fundó una banda que tuvo gran éxito. Al reparar en la explotación que sufrían las mujeres en las fábricas –trabajaban catorce horas diarias en un ambiente moralmente degradante para recibir un mísero sueldo–, se empeñó en resolver la injusticia. Con sus bienes, fundó la Sociedad obrera católica del mutuo socorro, e inauguró así una fábrica hilandera en la cual generó decenas de empleos dotándolas de condiciones dignas para sus obreras. Dejó todo solventado para que se les reconocieran los derechos mientras que estuviesen en activo y que no tuvieran problemas tampoco después de la jubilación. En este sentido, Arcángel aplicó fructíferamente la Rerum novarum de León XIII. El jesuita P. Maffeo Franzini, amigo suyo, le aconsejó que fundara una nueva orden para asistir a las operarias. Compartiendo con ellas su trabajo y fatigas creaba un ambiente propicio para difundir el Evangelio. En 1900 con un grupo de mujeres creó la congregación de las Hermanas operarias de la santa Casa de Nazaret a quienes puso como modelo la Sagrada Familia. Esta iniciativa apostólica contó con la oposición de algunos potentados de la localidad, pero él no se arredró y siguió adelante. En un momento dado quisieron fusionar su fundación con la de las Hermanas de la Caridad de Brescia, pero el asunto no prosperó. Arcángel sufrió muchas penalidades. Fue calumniado, vilipendiado y generalmente incomprendido incluso en estamentos eclesiales. Y aunque murió sin ver reconocida su obra dentro de la Iglesia, decía: «Dios la ha querido, la guía, la perfecciona, la lleva a término».

Falleció el 20 de mayo de 1912. Fue beatificado por Juan Pablo II el 3 de octubre de 1999. Y canonizado por Benedicto XVI el 26 de abril de 2009.

(20 de mayo de 2013) © Innovative Media Inc.

otros santos 20 de mayo:

- San Alcuino de York
- San Bernardino de Siena

martes, 19 de mayo de 2015

19 de mayo: Santa María Bernarda Bütler

«Vida consagrada al servicio de los enfermos más pobres y necesitados»

Madrid, 19 de mayo de 2013 (Zenit.org) Verena Bütler nació en Auw, cantón de Aargau, Suiza el 28 de mayo de 1848. Aprendió a amar a Dios así como a María con el rezo diario del rosario en familia junto a sus padres, los humildes campesinos Enrique y Catalina. Heredó el espíritu mariano de ésta que solía peregrinar al santuario de «María Einsiedeln»; pertenecía a la orden tercera de San Francisco y socorría a los necesitados. Verena era permeable a todo ello. En esta etapa brotó su sensibilidad por las almas del Purgatorio. También hubo travesuras, rabietas diversas y hasta alguna que otra mentira. Inicialmente llegó a sentir cierta inquina hacia quien develaba su mal comportamiento ante Catalina, aunque vencía esta tendencia acercándose a la persona «delatora». Todo esto acontecía antes de sus primeros 7 años de vida. Con la gracia divina iría modificando paulatinamente sus flaquezas. Cursados los estudios primarios, y sin inclinación por la vía intelectual, optó por trabajar en el campo. La naturaleza entera le seducía porque, de algún modo, ya vislumbraba en ella la presencia de Dios. Hubo un amor adolescente, que fue correspondido, pero rehusó seguir adelante con el compromiso; se sentía invitada a darse a los demás de otro modo. Su vida sería siempre un «¡como Dios lo quiera!».

A los 18 años inició una experiencia en el convento de la Santa Cruz, de Menzingen. Pudo estar inducida por una imagen que se le quedó grabada de niña al ver a una religiosa pidiendo limosna. Entonces se dijo: «seré monja». Sin embargo, mientras se hallaba junto a las hermanas una voz interior, que juzgó inspirada de lo alto, le hizo ver que debía buscar otro camino. No llegó a permanecer con la comunidad ni quince días. Regresó a su casa, reanudó el trabajo, continuó orando, haciendo apostolado y participando activamente en la parroquia; así mantuvo viva la llama de su vocación. El 12 de noviembre de 1867, de acuerdo con el párroco que le aconsejó certeramente, ingresó en el monasterio de María Auxiliadora, en Altstätten, Suiza. Y el 4 de mayo de 1868 le impusieron el hábito franciscano. Tomó el nombre de María Bernarda del Sagrado Corazón de María. Al año siguiente emitió los votos. Viendo sus cualidades y profunda virtud, la designaron maestra de novicias y posteriormente superiora, cargo para el que fue reelegida sucesivamente en tres ocasiones.

Lejos de allí, en Portoviejo, Ecuador, la mies era mucha y los obreros pocos. Verena había tenido noticias de ello a través del provincial de los capuchinos, P. Buenaventura Frei, que se hallaba en Norteamérica y que estuvo alojado en el convento. Ella vio el signo para fundar una casa en esas tierras, y comenzó a realizar las gestiones pertinentes. Todo fue en vano. No había llegado la hora. Más tarde, el capuchino mantuvo un encuentro con el obispo de Portoviejo, Mons. Pedro Schumacher quien, al conocer la disposición de la beata, solicitó ayuda al monasterio. De modo que, obtenidos los permisos requeridos, el 19 de junio de 1888 Verena partió junto con seis religiosas a Le Havre, Francia; desde allí viajaron a Ecuador. Se encaminaba hacia su misión como fundadora de un nuevo Instituto: la congregación de Hermanas Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora. El prelado las acogió encomendándoles Chone, una localidad de 13.000 habitantes en la que precisaban religiosas como ellas para encender su corazón. Se centraron en la educación mientras cultivaban otras vías apostólicas para dar a conocer a Cristo. También asistían a enfermos y auxiliaban a los pobres. La santa puso la base de esta incansable acción en los sólidos pilares de la oración, pobreza, obras de misericordia y fidelidad a la Iglesia. No fue una labor sencilla. Junto a la comunidad debió sortear dificultades climatológicas, económicas, sociales, muchas inseguridades, y hasta malentendidos con algunos miembros de la Iglesia. Hubo religiosas que abandonaron la fundación. Por si fuera poco, en 1895 se desató una enconada persecución contra la Iglesia, y la fundadora tuvo que huir junto a quince religiosas. Embarcaron hacia Colombia y en el trayecto recibieron la invitación de Mons. Eugenio Biffi, obispo de Cartagena, quien les anunciaba que las acogería en su diócesis. Llegaron a Cartagena de Indias en agosto de 1895. El prelado las esperaba y les destinó como residencia un ala del hospital de mujeres, Obra Pía.

Cuando la labor ya se había afianzado y crecieron las vocaciones, surgieron nuevas casas que se extendieron por Colombia, Austria y Brasil. Para todas era evidente la virtud de Verena, quien las atendía de manera incansable. Y eso fue manifiesto también en los diversos viajes apostólicos que efectuó, en los que compartía las tareas con las religiosas de forma sencilla, generosa. Sus gestos estaban marcados por la ternura y la misericordia. Era muy animosa, clara en sus juicios: «Llevar una vida cómoda mientras tantos necesitan un servicio, no nos hace felices, en cambio, no crearnos necesidades produce energía, favorece la salud y alarga la vida». Sus hijas tenían espejo en el que mirarse: «Amadas hijas, Dios está en la escuela, en la enfermería, en la portería, en el locutorio, en todos los servicios. Con simplicidad lo encontraremos en todas partes».Tuvo predilección por los pobres y por los enfermos. «Abran sus casas para ayudar a los pobres y a los marginados. Prefieran el cuidado de los indigentes a cualquier otra actividad»,decía. Estuvo al frente de la congregación 32 años. Cesó por voluntad propia, pero continuó ayudando y sirviendo a sus hermanas. Fue un ejemplo de entereza y paciencia. No alimentó recelos, perdonó, guardó silencio y nunca se defendió. Aludiendo a quienes le hicieron difícil vida y misión, decía: «Dios lo permitió. Él sabía para que debía servir, nadie tenía mala voluntad; no tenían conocimiento de la vida religiosa».

Murió el 19 de mayo de 1924. Juan Pablo II la beatificó el 29 de octubre de 1995. Benedicto XVI la canonizó el 12 de octubre del año 2008.

(19 de mayo de 2013) © Innovative Media Inc.

otros santos 19 de mayo:

- San Teófilo de Corte
- San Dunstán 

lunes, 18 de mayo de 2015

18 de mayo: San Leonardo Murialdo

Nacio el 26 de Octubre de 1828 en turín, Italia, y muere el 30 de Marzo de 1900. era penúltimo de los 8 hijos de la familia "Murialdo Rho", un hogar acomodado y unido.

Cuando era pequeño lo llamaban con el dulce nombre de "NADINO". A los 5 años, pierde a su querido Papá, y su madre Teresa Rho piensa darle una mejor educación, enviándolo a un colegio de los Padres Escolapios, en Savona.

Su bondad y su empeño en los estudios son objeto de una verdadera persecución de parte de algunos compañeros, tanto que Nadino, suy sensible y necesitado de amistad, como cualquier adolescente, tiene una fuerte crisis interior, cuando está en la preparatoria. Para salir de la crisis, toma una desición valiente: salirse del colegio a pesar de estar a un año de coronar sus estudios con honores.

El mismo Leonardo recordará siempre ésta experiencia como decisiva para su opción de fé y de su vocación. En casa, cerca de su madre Nadino recobra de nuevo serenidad y paz. Termina en Turín sus estudios y empieza a pensar seriamente en su porvenir.

Durante una experiencia profunda de oración, Murialdo siente en su corazón el deseo de consagrarse al Señor totalmente. Piensa ingresar a un convento de Capuchinos, pero Nadino, antes de las grandes decisiones, siempre consulta a su guía espiritual. Éste, conociendo profundamente el carácter de Leonardo y sus cualidades, le dice que esa no es la voluntad de Dios, y le aconseja entrar más bien en un seminario. Nadino, obediente, entra en seminario como externo.

Naturalmente la primera en saber la decisión es mamá Teresa, quien acoge la noticia con la alegría de las madres santas. Ella habia tanto rezado para tener un sacerdote en su familia. Pero no todos los parientes son entusiastas, especialmente un medio tío, que de religíon y de Dios no quería saber mucho, se propone disuadir a nuestro joven de su propósito, hasta le invita con él a un viaje para proponerle brillantes carreras... pero Nadino ya ha decidido: ¡será Sacerdote!.

En 1845 inicia sus estudios de Teología y en el tiempo libre se dedica a los demás: demuestra enseguida una notable sensibilidad hacia los jóvenes que vagan por la periferia de Turín, desorientados, en un tiempo difícil, de problemas sociales y de turbulencias políticas, que generan mucha pobreza y violencia.

No es el tipo que se contenta con "hacer la caridad", piensa en grande, piensa en las alternativas para sacar de ocio y de la violencia a tantos niños y jóvenes. Empieza recogiendo en su noble casa a los limpiachimeneas y jóvenes que han llegado a la cuidad de los campos, en busca de un trabajo. A los muchachos de las pandillas de barrio, los invita a pasarse los fines de semana en un improvisado "centro juvenil", el "Oratorio", y vislumbra ya su campo de acción apostólica: los jóvenes, los huérfanos, los chavos de la calle y de la periferia.

¡El 20 de Septiembre de 1851 es ordenado Sacerdote!.

En su agenda espiritual escribe: "quiero ser un Sacerdote piadoso y culto; empeñado en la defensa de la Iglesia, valiente y prudente, dulce, listo para todos los trabajos, habierto a todas las personas, a todos los signos de los tiempos".

Para ayudar a los jóvenes cuenta mucho con la ayuda de sus mismos hermanos, quienes con dinero y persona lo sostienen; y así Leonardo se entrega completamente a los muchachos de la calle, llega a hacerse amigo de las pandillas, entra líbremente en las cárceles de menores...

Don Bosco le pide que dirija un "Oratorio" y en el año de 1866 le piden la dirección del Colegio de los Artesanitos", un instituto para muchachos y jóvenes huérfanos o muy necesitados. Leonardo Murialdo por 34 años se hace Padre, Hermano, Amigo y Maestro de miles de jóvenes, que habían tenido por escuela sólo la calle.

Murialdo proporciona a sus "artesanitos", con creatividad y mucho amor, una sólida formación cristiana y una profesión honrada. Para dar continuidad a su acción aducativa, el 19 de Marzo de 1873 funda la "Congregación de San José".


Su lema es "HACER Y CALLAR".

A sus hermanos empeñados en el trabajo entre los jóvenes recomienda: "Hacer el bien...¡pero hacerlo bien!".

En Italia de las últimas décadas de 1800 lo encontramos a la vanguardia de las iniciativas de la Iglesia: la defensa de los jóvenes trabajadores, la Prensa Católica, la Acción Católica, las responsabilidades de los Laicos...

Concretiza su amor a los jóvenes, los marginados, con una multitud de iniciativas: colegios, centros juveniles, colonias agrícolas, casas-familia, asociaciones, etc...

Da todas sus capacidades, sus recursos, todo de sí mismo para cuantos no tienen casa, no tienen afecto, no conocen el amor de Dios. Muere en Turín, el 30 de Marzo de 1900.

SAN LEONARDO MURIALDO: Un hombre que ha vivido hasta lo más profundo el Amor de Dios y ha respondido con su vida hecha AMOR a los jóvenes, a los últimos.

El Papa Paulo VI, en el día de su canonización, habló de Leonardo Murialdo como "HOMBRE EXTRAORDINARIO EN LO ORDINARIO", porque supo vivir intensamente, con mucho amor y servicio, cada momento de su vida.


ESPIRITUALIDAD

S. Leonardo Murialdo cree fuertemente en Dios-Amor. Lo cree con toda su mente y corazón debido a su experiencia personal, profundizada en la oración. Si Dios es 'Quien me ama' y me ama de manera gratuita, personal, actual, infinita y misericordiosa, entonces también yo tengo que amar así. ¡La vida, mi propia vida, tiene sólo esta finalidad! Su fe en Dios-amor se tiñe de confianza en la Providencia: una confianza absoluta y filial."¡Dejémonos amar por Dios, dejemos que Él disponga de nuestra vida como quiere! "S. Leonardo está convencido de sus propios límites y miserias; se trata de una convicción profunda y sufrida, que poco a poco se vuelve más serena. Sabe esperar los pasos de la Providencia sin apremio. Cuando logra entender el proyecto de Dios, se compromete con todas sus energías y capacidades, con entusiasmo y ardor.

Las devociones a la Eucaristía, a la Pasión del Señor y al Sagrado Corazón, vividas como signos del amor misericordioso de Dios, sustentan su camino de santidad. En la Virgen María, invocada como medianera de gracia y madre de la misericordia, S. Leonardo encuentra a una madre tierna y generosa, presente de continuo en su propia vida con su potente intercesión. Dios te ama - Providencia - Voluntad de Dios - Oración En otras palabras: El amor de Dios, porque es infinito, alcanza al hombre en lo profundo de su hoy, esto es, de su persona individual inmersa en su actualidad. El amor como respuesta debe llevar al hombre, partiendo de la concreción de su hoy, a encontrar a Dios como persona, que sea su todo, y a encontrar a los hermanos como personas en su hoy, con dedicación infinita para su salvación y su crecimiento en el amor a Dios (p. Roberto Salvati, Espiritualidad de San Leonardo Murialdo, 1996).


Su espiritualidad en 12 frases.

1. Dios me quiere. ¡Es verdad! Dios me quiere. ¡Qué alegría! ¡Qué consuelo! Dios me quiere con amor eterno, personal, gratuito, infinito y misericordioso. Dios me quiere. Él no se olvida nunca, me sigue y siempre me conduce. ¡Dejémonos amar por Dios!

2. Los tres milagros del amor de Dios. El Pesebre con Jesús niño: él nos enseña humildad, pobreza, resignación. El Calvario con Jesús crucificado: es cátedra que enseña las grandes verdades del amor de Dios para los hombres y del amor de los hombres por Dios. La Eucaristía con Jesús sacramentado: es la perfección del amor; Jesús viene a nosotros, nos quiere, se une a nosotros.

3. ¡Amar a Dios es felicidad! Decidamos ser realmente amantes, pero tiernos amantes, generosos amantes. Amar a Dios significa hacer, siempre y con alegría, lo que él quiere y como lo quiere porque su voluntad es nuestro bien solo y único.

4. Amar a Dios comporta tener una entrega total y una inmensa confianza en su Providencia que todo lo hace bien por nosotros. ¡Dejemos actuar a Dios! Él nos quiere más de lo que podamos querernos a nosotros mismos, y nuestra vida está mejor en sus manos que en las nuestras.

5. Jesús es nuestro modelo: pensar, sentir, juzgar como él. El espíritu de Jesús es espíritu de amor del Padre, de humildad y de oración; es celo por la gloria de Dios y el bien del prójimo; es caridad operante.

6. La oración es el alma y la fuerza del hombre. Hágase con humildad, confianza y perseverancia. No basta, sin embargo, rezar, hace falta rezar bien, es decir, con el corazón.

7. La humildad es la base y el principio de la conversión. Que no nos depriman nuestros defectos, sino sirvan para santificarnos. No tenemos que asombrarnos de ellos, más bien tenemos que dar gracias a Dios por no haber hecho peor. Dios, infinitamente bueno e infinitamente misericordioso, siempre está dispuesto a perdonarnos y a acogernos. ¡Es padre!

8. Caridad es ver y decir lo bueno de cada uno, perdonar de corazón, tener cara serena, amabilidad, dulzura. Como sin fe no se agrada a Dios, así sin dulzura no se agrada al prójimo.

9. El amor de Dios haga surgir el celo por la salvación de los hermanos. Actuemos no como filántropos o sociólogos, sino como apóstoles para difundir el reino de Cristo sobre la tierra. Animémonos a hacer mucho y sobre todo a hacer bien actuando en unidad de acción y amistad.

10. María, nuestra Madre, es la más amante, la más cariñosa de las madres. Es madre de Dios, por lo tanto, consigue todo. Es nuestra madre, por lo tanto no nos niega nada. Es madre de misericordia: echémonos en brazos.

11. San José, el humilde artesano de Nazaret, nos enseña cómo hacer compañía a Jesús: cómo quererle, rezarle, servirle.

12. Queramos a la Iglesia, nuestra tierna madre, con amor férvido y operativo. Necesitamos sentir, sufrir, obrar con la Iglesia. Obedecemos y queremos al papa porque es vicario de Jesucristo, es nuestro padre, es nuestro maestro. El amor del papa es el carnet del auténtico católico.

(fuente: www.josefinos.org)

otros santos 18 de mayo:

domingo, 17 de mayo de 2015

17 de mayo: Santa Restituta

Virgen y Mártir

Etimológicamente significa “restablecida”. Viene de la lengua latina.

Esta chica africana supo mantenerse en su sitio cuando los enemigos de la fe en Cristo Jesús, quisieron que renegase de su Dios para adorar a los dioses paganos.

Ella se había formado en la escuela de san Cipriano, obispo de Cartago, lo cual es ya es un signo de garantía para afrontar las dificultades por las que tuvo que pasar.

El terrible emperador Dioclecino reanudó sus actividades malignas declarando una nueva persecución contra los cristianos. Debía ser tan torpe que olvidaba las palabras de Tertuliano: "La sangre de los mártires es semilla de nuevos cristianos".

Cuando menos se lo esperaban, los soldados romanos se echaron encima, los cogieron e interrogaron hipócritamente para quedar bien ante las leyes.

Eran unos cincuenta los mártires que murieron. No hay datos muy fiables acerca de su martirio.

Pero no importa. Los creyentes de aquellos tiempos no eran tontos. Y no es casualidad que al poco tiempo de morir Restituta, el pueblo comenzara a darle culto tanto en el Norte de Africa, sobre todo en Túnez, como en Italia.

No te olvides que estamos en el año 304. Adondequiera que fueran los africanos, allí implantaban el culto a la santa mártir.

Hay lugares en Italia en los que hay grandes fiestas en su honor, aunque el honor se lo llevan, sin duda, Nápoles. Aquí hay levantada en su honor una iglesia basílica y es la patrona de la isla de Isquia.

Incluso en Francia, el poeta Lamartine, romántico entre los románticos, le dedicó “El lirio del golfo de santa Restituta en la isla de Isquia.

¡Felicidades a quien lleve este nombre!

(fuente: catholic.net)

otros santos 17 de mayo:

- Santa Julia Salzano
- San Pascual Bailón

sábado, 16 de mayo de 2015

16 de mayo: San Simon Stock

«El santo del escapulario»

Madrid, 16 de mayo de 2013 (Zenit.org) Gran parte de su vida aparece envuelta en conjeturas. La primera referencia que ofrece algo de luz al respecto la proporciona un dominico, Gerardo de Fraschetom, contemporáneo de Simón fallecido en 1271. Otra reseña pertenece a 1430. Pero ambas aluden al santo con cierta penumbra, sin visos de estricta credibilidad. Respecto a la fecha de nacimiento, en diversos textos, que seguramente adolecen de la contrastación correspondiente, se fija la de 1165. Pero si fuese así, al asumir el oficio de general de la Orden en 1247 –hecho corroborado– tendría 82 años, algo improbable siendo que algunos aseguran que estuvo al frente de la misma veinte años. Más inverosímil cuando otros advierten que fueron cincuenta. Además, es impensable que a esta edad recorriera apostólicamente diversos países como algunos han asegurado. Por otro lado, no se puede atribuir su apellido Stock a que morase en un tronco, significado del término inglés «stock». De sus padres, infancia y demás no consta información. No se duda de que nació en Kent, y está ratificada su relevancia en la orden carmelita. Se acepta la tradición que le atribuye la aparición de María, así como la imposición del santo escapulario del Carmen. Hay quien lo ha situado en Roma como predicador itinerante y de allí partiría a Tierra Santa donde permaneció afincado un tiempo.

Seguramente, al participar en las Cruzadas sería un hombre de cierto vigor, y estaría lleno de los ideales que impulsaron a tantos otros a luchar para defender la fe frente a sus enemigos. Siguiendo los datos cruciales aportados por sus hermanos de religión, se sabe que al encontrarse con los primeros integrantes de la Orden carmelita, que estaba naciendo en el corazón del yermo en los santos lugares, se vinculó a ellos hasta que la invasión de los sarracenos afectó de lleno a las comunidades primigenias que se vieron obligadas a abandonar la zona y a dispersarse por tierras lejanas. Simón formó parte de los que regresaron a Europa y se afincó en Kent. Después, las virtudes que le adornaron hicieron que en 1247 en el capítulo general de los carmelitas, celebrado en Aylesford, Inglaterra, fuese elegido general, el sexto, como sucesor de Alan.

Las fuentes, que indudablemente han de ser fidedignas porque son de sus contemporáneos, proporcionan datos que permiten configurar con rigor y cercanía lo que fue de su vida desde este momento en el que lo designaron para regir los caminos de todos. Su gobierno fue pródigo en bendiciones espirituales y apostólicas. Y es que en esta misión demostró gran energía. Su incesante actividad, fijando los pilares de la Orden (aprobada en 1274 por el concilio de Lyon), y velando por su extensión, así lo avalan. A él se debe un cambio estructural en la misma que de ser eremítica pasó a convertirse en cenobítica y mendicante. Fue su impulsor en Europa. Además, con la venia de Inocencio IV, modificó la regla de san Alberto, mitigándola.

Partidario de la vida activa, sin dejar la contemplación, Simón tuvo el acierto de abrir casas en puntos neurálgicos culturales: Cambridge, Oxford, París, Bolonia…, favoreciendo la formación universitaria de los miembros más jóvenes y el aumento de vocaciones que llevaba anexa. Pero también propagó la fundación por Chipre, Mesina, Marsella, York, Nápoles, entre otras ciudades. Ahora bien, esta acción que podemos valorar positivamente en estos momentos, no fue bien acogida por una parte de los carmelitas. Tenía gran peso el hecho de que las constituciones que se redactaron en esa época hubiesen sido aprobadas por Inocencio IV en 1247. Pero tres años más tarde sus integrantes, que gozaban de las bendiciones de este pontífice que les había defendido, suscitaron recelos y enconada envidia en estamentos eclesiales de distintos países. Entre el descontento interno y la resistencia a la expansión de la Orden por parte de aquéllos, se creó una difícil situación que acarreó a Simón muchos sufrimientos. Y como su devoción por la Virgen María estaba por encima de todo, a Ella acudía diariamente buscando su amparo.

El 16 de julio de 1251 –extremo este de la fecha no constatado aunque es el más extendido– hallándose en oración en Cambridge, se le apareció María acompañada de una multitud de ángeles. Portaba en sus manos el escapulario que le entregó, diciéndole: «Este será privilegio para ti y todos los carmelitas; quien muriere con él no padecerá el fuego eterno; es decir, el que con él muriese se salvará». Así está consignado en el catálogo de los santos de la Orden. En el siglo XIII Guillermo de Sandwich O.C. se hizo eco en su «Crónica» de esta aparición, momento también en el que la Virgen le prometió la ayuda del papa. Hacia 1430 Johannes Grossi en su «Viridarium» dio cuenta del hecho, posteriormente documentado en 1642 con un escrito dictado por el propio Simón a su confesor, secretario y amigo Peter Swanyngton. Además, ahí está la innegable fuerza de la tradición que lo ha mantenido vivo, acrecentando la devoción al santo escapulario, que ha sido secundada por diversos pontífices a través de varias indulgencias. Esta piedad recogida en la liturgia carmelita consta de dos hermosas composiciones dedicadas a María, cuya autoría se atribuye a Simón: «Flos Carmeli» y «Ave Stella Matutina», símbolo de su amor a la Madre de Dios. El santo, conocido como «el amado de María», murió hacia 1265 en Bordeaux, Francia –algunos establecen la fecha como el 16 de mayo de ese año– mientras se hallaba de visita en la provincia de Vasconia. En 1951 sus restos se trasladaron al convento de Aylesford de Kent. En el siglo XVI la Orden insertó su culto en su calendario litúrgico, incluida en la reforma del mismo emprendida tras el Concilio Vaticano II.

En 1983 Juan Pablo II lo denominó «El santo del escapulario».

(16 de mayo de 2013) © Innovative Media Inc.

otros santos 16 de mayo:

- San Ubaldo Baldassini de Gubbio
- Beato Vladimir Ghika

viernes, 15 de mayo de 2015

15 de mayo: Santa Dionisia de Troas

Mártir

Martirologio Romano: En Lampsaco, en la región del Helesponto, santos Pedro, Andrés, Pablo y Dionisia, mártires. († s.III)

Etimológicamente: Dionisiio = dios del vino, viene de la lengua griega. Dionisia es la versión femenina de este nombre.

Me encanta la valentía de esta joven cristiana que, a los 16 años, tenía la cabeza bien plantada sobre los hombres y la hoguera de la fe encendida en su corazón.

Los actos que presenció antes de que muriese el 15 de mayo del año 250, le llevaron a ser consciente de la suerte de tener una fe profunda en Dios.

Tuvo la desgracia de ver cómo un cristiano, un tal Nicómaco, apostató de Cristo por tener unos días más de vida aquí en la tierra. Cuando salió del tribunal libre y con su certificado de que había adorado a los dioses y renunciado a Cristo, sintió una pena inmensa.

Cuando la oyeron hablar así, se enteró todo el mundo de que también era creyente en Cristo. Y como solía suceder: la llevaron ante el procónsul Optimo.

Ya en su presencia, le dijo: "Que te conste que no te tengo miedo; tengo un amigo más poderoso que tú. El sabrá ayudarme en los instantes de tortura"

Optimo la mandó detener al momento; mientras tanto oía los gritos de la chusma aplaudiendo a los verdugos que le daban muerte a otros dos cristianos, a Pablo y a Andrés.

Dionisia se escapó para ir a socorrer a los dos creyentes. Y a gritos decía estas palabras:" Quiero sufrir como vosotros para ser feliz en el cielo".

El procónsul en lugar de admirar su valentía, le dijo a los verdugos que le cortaran la cabeza.. No hay quien detenga a un cristiano que viva su fe en coherencia con sus principios.

¡Feliz día quien lleve este nombre!

Comentarios al P. Felipe Santos: fsantossdb@hotmail.com 
(fuente: catholic.net)

otros santos 15 de mayo:

- San Ruperto de Bingen
- San Isidro Labrador

jueves, 14 de mayo de 2015

14 de mayo: Santa Gema Galgani

Nació el 12 de marzo de 1878 en Camigliano, una aldea cerca de Lucca, en Italia. Gema es la palabra italiana para “gema”, piedra preciosa. Su padre era un farmacéutico próspero y su madre era también de noble linaje. Los Galgani eran católicos y fueron bendecidos con ocho hijos. Gema, la cuarta hija y la primera niña de la familia, desarrolló una atracción irresistible hacia la oración cuando era aún muy joven. Esto fue resultado de su piadosa madre, quien enseñó a Gema las verdades de la fe católica romana. La madre infundió especialmente en el alma preciosa de su hija el amor a Cristo crucificado.

La joven santa se aplicó con celo a la devoción. Cuanto Gema tenía sólo cinco años, leía los Oficios de Nuestra Señora tan fácil y rápidamente como si fuera una persona mayor.

Cuando la madre de Santa Gema tenía que realizar sus quehaceres diarios de ama de casa, la pequeña Gema tiraría de la falda de su madre y diría: “Mamá, dime un poco más sobre Jesús”.

Desgraciadamente, la madre de Gema murió pronto. El día en que Gema recibió el sacramento de la confirmación, mientras ardientemente rezaba en la misa para que su madre recobrara la salud (la Sra. Galgani estaba gravemente enferma), escuchó una voz inconfundible dentro de su corazón que decía: “¿Me darás a tu mamá?”. “Sí”, respondió Gema a la voz, “pero con tal de que tú me lleves también”. “No”, replicó la voz, “dame a tu madre sin reservas. Por el momento tú tienes que permanecer con tu padre. Yo te llevaré al cielo más tarde”. Gema simplemente respondió “sí”. Este “sí” iba a ser repetido a través de toda la corta vida de Santa Gema en respuesta a la invitación de Nuestro Señor a sufrir por Él.

Siguiendo la muerte de su amada madre, Gema fue enviada por su padre a un internado católico en Lucca, regentado por las Hermanas de Santa Zita.

Reflexionando sobre sus días de escuela más tarde diría: “Comencé a ir a la escuela de las hermanas; estaba en el paraíso”.

Destacó en francés, aritmética y música y, en 1893, ganó el gran Premio de Oro por su conocimiento religioso. Uno de sus maestros en la escuela lo resumió muy bien al decir: “Ella (Gema) era el alma de la escuela”.

Gema había estado preparándose arduamente para su Primera Comunión. Ella acostumbraba a suplicar: “Denme a Jesús... y verán qué buena seré. Tendré un gran cambio. Nunca más cometeré un pecado. Dénmelo. Lo anhelo tanto, no puedo vivir sin Él”.

A Gema se le permitió recibir la Primera Comunión a los nueve años de edad, la cual era una edad más temprana que la usual. Con el permiso de su padre fue a un convento durante diez días para prepararse intensivamente para este solemne evento.

El gran día de Gema finalmente llegó el 20 de junio de 1887, en la fiesta del Sagrado Corazón de Jesús. En sus propias palabras ella describió su primer encuentro íntimo con Cristo en Sagrado Sacramento de este modo:

“Es imposible explicar lo que entonces pasó entre Jesús y yo. Él se hizo sentir ¡tan fuertemente en mi alma!”


Erico Galgani

El siguiente incidente mayor en la vida de Santa Gema fue cuando su padre murió en 1897. Como resultado de su gran generosidad, de la falta de escrúpulos de sus contactos en negocios y de sus acreedores, sus hijos se quedaron sin nada, y no tenían siquiera los medios para mantenerse. Gema tenía sólo diecinueve años, pero tenía ya una experiencia mayor en cargar la cruz.

Gema pronto comenzó a enfermar. Se le desarrolló una curvatura en la columna vertebral. Le dio también una meningitis dejándola con una pérdida de oído temporal. Largos absesos se le formaron en la cabeza, el pelo se le cayó, y finalmente las extremidades se le paralizaron. Un doctor fue llamado y trató muchos remedios, los cuales fallaron todos. Sólo se puso peor.

Gema comenzó entonces su devoción al Venerable Gabriel Possenti de la Madre de los Afligidos (ahora San Gabriel) . En su lecho de dolor ella leyó la historia de su vida. Más tarde ella escribió acerca del Venerable Gabriel:

“Creció mi admiración de sus virtudes y sus maneras. Mi devoción hacia él se incrementó. En la noche no dormía sin tener su retrato bajo mi almohada, y después comencé a verlo cerca de mí. No sé cómo explicar esto, pero sentía su presencia. Todo el tiempo y en toda acción, el hermano Gabriel venía a mi mente.

Gema, ahora de veinte años, parecía estar en su lecho de muerte. Una novena fue sugerida como la única posibilidad de cura. A la medianoche del 23 de febrero de 1898, escuchó el ruidito de un rosario y comprendió que el venerable Gabriel se estaba apareciendo ante ella. El habló a Gema. “¿Deseas recobrar la salud? Reza con fe cada noche al Sagrado Corazón de Jesús. Yo vendré a ti hasta que la novena se haya terminado, y rezaremos juntos al Sacratísimo Corazón”.

El primer viernes de marzo la novena terminó. La gracia fue concedida: Gema estaba curada. Al levantarse, aquéllos alrededor de ella lloraron de alegría. Sí, ¡un milagro había sido llevado a cabo!

Gema, ahora en perfecta salud, había deseado siempre ser consagrada monja, pero esto no iba a ser así. Dios tenía otros planes para ella. El 8 de junio de 1898, después de recibir la Comunión, Nuestro Señor dejó a su servidora saber que aquella misma noche le regalaría con una extraordinaria gracia.

Gema fue a casa y rezó. Ella cayó en extasis y sintió un enorme remordimiento por pecar. La bendita Virgen María, a quien Santa Gema era tremendamente devota, se le apareció y le habló: “Mi hijo Jesús te ama más allá de la medida, y desea darte una gracia: yo seré una madre para ti. ¿Serás tú una verdadera hija?”

La bendita Virgen María abrió entonces su manto y cubrió a Gema con él.

Así es como Santa Gema relata cómo recibió los estigmas: “En ese momento Jesús apareció con todas sus heridas abiertas, pero de estas heridas ya no salía sangre, sino flamas. En un instante estas flamas me tocaron las manos, los pies y el corazón. Sentí como si estuviera muriendo, y habría caído al suelo de no haberme sostenido mi madre en alto, mientras todo el tiempo yo permanecía bajo su manto. Tuve que permanecer varias horas en esa posición. Finalmente ella me besó en la frente y desapareció, y yo me encontré arrodillada. Yo aún sentía un gran dolor en las manos, los pies y el corazón. Me levanté para ir a la cama, y me di cuenta de que la sangre estaba brotando de aquellas partes donde yo sentía el dolor. Me las cubrí tan bien como pude, y entonces, ayudada por mi Angel, fui capaz de ir a la cama...” Muchas gentes, incluyendo los respetados eclesiásticos de la Iglesia, fueron testigos de este milagro de los estigmas, los cuales recurrieron durante la mayor parte del resto de su vida. Un testigo declaró: “La sangre salía (de Santa Gema) de sus heridas en gran abundancia. Cuando ella se levantaba, fluía al suelo, y cuando estaba en cama no sólo mojaba las sábanas, sino que saturaba el colchón entero. Yo medí algunos de estos arrollos o estanques de sangre, y eran de entre veinte y veinticinco pulgadas de largo y más o menos dos pulgadas de ancho”.

Como San Francisco de Asís y el Padre Pío, Gema también puede decir: “Nemo nihi molestus sit. Ego enim stigmanta Dimini Jesu in corpore meo porto”. Ningún hombre me dañe, puesto que llevo las marcas de Nuestro Señor en el cuerpo”.

A los veintiún años de edad, Gema fue acogida por una generosa familia italiana, los Giannini. La familia ya tenía once hijos, pero estaban contentos de darle la bienvenida a esta joven y pía huérfana en su hogar. La madre de la familia, la Señora Cecilia Gianinni diría más tarde de Gema: “Puedo declarar bajo juramento que durante los tres años y ocho meses en que Gema estuvo con nosotros, nunca supe del menor problema en nuestra familia por su causa, y nunca noté en ella el mínimo defecto. Repito: ni el menor problema ni el mínimo defecto”.

Santa Gema diligentemente ayudaba con los quehaceres de esta familia numerosa. Tenía también tiempo para rezar, que era su actividad favorita. A través de la Providencia, ella consiguió al bendito Pasionista Padre Germán, C.P., como director espiritual a quien ella era totalmente obediente.

El Padre Germán, un teólogo eminente en cuanto a la oración mística, notó que Gema tenía la más profunda vida de oración y resultante unidad con Dios. El estaba convencido de que su “Gema de Cristo” había pasado por todos los nueve estados clásicos de la vida interior.

Gema iba a misa dos veces al día, recibiendo la comunión en una. Ella rezaba las oraciones con fe y por las noches, con la Sra. Giannini, iba a las vísperas. En todos sus ejercicios espirituales ni una sola vez descuidó sus quehaceres diarios en la casa de los Giannini.

El ángel guardián de Santa Gema se le aparecía frecuentemente. Los dos conversaban de la misma manera en que se habla entre los mejores amigos. La pureza e inocencia de Gema debe haber atraído a este glorioso ángel desde del cielo hasta su lado. Gema y su ángel con sus alas extendidas o arrodillado a su lado, recitaban juntos jaculatorias o salmos alternadamente. Cuando meditaban sobre la pasión de Nuestro Señor, su ángel la inspiraba con los más sublimes pensamientos de este misterio. Su ángel guardián una vez le dijo sobre la agonía de Cristo: “Mira lo que Jesús ha sufrido por los hombres. Considera sus heridas una por una. Es el amor lo que las abrió todas. Ve lo execrable (horrible) que el pecado es, ya que para expiarlo, tanto dolor y tanto amor han sido necesarios”.

En 1902 Gema, con buena salud desde su cura milagrosa, se ofreció a Dios como víctima por la salvación de las almas. Jesús la aceptó, y ella cayó peligrosamente enferma. No podía pasar ningún alimento. Aunque recobró brevemente la salud a través de la Divina Providencia, rápidamente volvió a caer enferma. El 21 de septiembre de 1902, comenzó a vomitar pura sangre que venía de los espasmos violentos de amor de su corazón. Mientras tanto, pasaba por un martirio espiritual que ella experimentaba como aridez y desconsuelo en sus ejercicios espirituales. Para añadir, el demonio enemigo multiplicaba sus ataques contra la joven “Virgen de Lucca”. Satanás redoblaba la guerra contra Gema porque sabía que su fin se acercaba. El se esforzaba para persuadirla de que había sido enteramente abandonada por Dios, usando sus infernales apariciones e incluso asestando golpes físicos contra su frágil cuerpo. Un testigo que estaba cuidando a Gema dijo: “Aquella bestia abominable será el final de nuestra querida Gema -golpes sordos, formas de animales feroces, etc.- Me alejé de ella con lágrimas porque el demonio la estaba desgastando.”

Gema incesantemente invocaba los nombres sagrados de Jesús y María, aún la batalla se libraba en ella. Su director espiritual, el venerable Fray Germán, en cuanto a la última batalla de Gema, declaró: “La pobre sufriente pasó días, semanas y meses de esta manera, dándonos ejemplo de paciencia heróica y motivos para sentir un benéfico temor a lo que pueda pasarnos, de no tener los méritos de Gema, a la hora de nuestra muerte”.

Aún así, a través de todas estas pruebas, Gema nunca se quejó, solamente oraba. Gema estaba llegando al final. Era prácticamente un esqueleto viviente, pero todavía bello a pesar de los estragos de su enfermedad. Se le administraron los sagrados viáticos. En sus últimas palabras, dijo: “No busco nada más. He hecho a Dios el sacrificio de todo y de todos. Ahora me preparo para morir.” Boqueando, gritó: “Ahora realmente es verdad que nada mío queda, Jesús. ¡Encomiendo mi pobre alma a ti, Jesús!” Gema entonces sonrió y dejando caer la cabeza a un lado, dejó de vivir.

Una de las hermanas presente en su lecho de muerte, vistió el cuerpo de Gema con los hábitos de las Pasionarias, que era la orden a la que Gema siempre había aspirado. Su muerte bendita tuvo lugar el Sábado Santo, 11 de abril de 1903. Gema Galgani tenía veinticinco años.

Las autoridades de la Iglesia comenzaron a estudiar la vida de Gema en 1917, y fue beatificada en 1933. El decreto aprobando los milagros para la canonización fue leido el veintiséis de marzo de 1939, Domingo de Pasión.

Gema Galgani fue canonizada el 2 de mayo de 1940, sólo treinta y siete años después de su muerte.

Santa Gema, ruega por nosotros.


ORACIÓN DE SANTA GEMA

Aquí me tenéis postrada a vuestros pies santísimos, mi querido Jesús, para manifestaros en cada instante mi reconocimiento y gratitud por tantos y tan continuos favores como me habéis otorgado y que todavía queréis concederme. Cuantas veces os he invocado, ¡oh Jesús! me habéis dejado siempre satisfecha; he recurrido a menudo a Vos, y siempre me habéis consolado. ¿Cómo podré expresaros mis sentimientos, amado Jesús? Os doy gracias…; pero otra gracia quiero de Vos, ¡oh Dios mío!, si es de vuestro agrado… (aquí se manifiesta la gracia que se desea conseguir). Si no fuerais todopoderoso no os haría esta súplica. ¡Oh Jesús!, tened piedad de mí. Hágase en todo vuestra santísima voluntad.

Rezar Padrenuestro, Avemaría y Gloria.


ORACIÓN PARA TENER ÉXITO EN LOS EXÁMENES

Esclarecida protectora de los examinandos, Santa Gema Galgani. Tú que recibiste del cielo inteligencia tan clara y memoria tan feliz que ocupabas siempre los primeros puestos en las clases, alcanzabas las más altas calificaciones en los exámenes y obtenías premios extraordinarios en públicos certámenes; pero que inflamada de la más tierna caridad para con el prójimo, te angustiabas y sentías como propios los suspensos de tus compañeras de colegio; ya que contemplas desde el cielo mis pasados descuidos y negligencias en el cumplimiento de los deberes escolares, alcánzame del Señor el perdón que humildemente imploro, que sepa enderezar mis conocimientos a la mayor gloria de Dios y santificación de mi alma, y que, singularmente en esta circunstancia en que voy a examinarme, conserve rectitud de intenciones, serenidad de ánimo y equilibrio de nervios, para que, obteniendo las brillantes calificaciones por las que suspiro, ensalce tu protección y eficacísimo valimiento y bendiga al Señor por todos sus soberanos beneficios, ahora y siempre, y por los siglos de los siglos.-Amén.

Rezar un Padrenuestro, Avemaría y Gloria.

(fuente: webcatolicodejavier.org)

otros santos 14 de mayo:

 

miércoles, 13 de mayo de 2015

13 de mayo: San Andrés Huberto Fournet

«Inútil huida. Cuando la voluntad divina prevalece sobre la humana»

Madrid, 13 de mayo de 2013 (Zenit.org) El hombre busca certezas. Dios le ofrece una peana (fe) para que se alce contra sus razones. Andrés, cuya celebración coincide con la de la Virgen de Fátima, nació en la localidad francesa de Saint-Pierre-de-Maillé el 6 de diciembre de 1752. Durante años desterró la idea de consagrarse. Jamás hubiera imaginado, ni lo pensó siquiera, que sería santo. Firmaba sus libros –aventurando temerariamente su futuro, como si tuviera la llave de la vida–, con esta apreciación: «Andrés, que nunca será ni religioso ni sacerdote». Quizá quiso contradecir el vaticinio de su madre asegurando que sucedería lo contrario, como así fue. Su trayectoria infantil y juvenil era de lo más opuesto a una persona de espíritu religioso: rebelde, de fácil protesta, molestamente inquieto, y nada fervoroso. Hallándose interno en el colegio era tan revoltoso que el rector lo castigó en un cuarto oscuro, pero se escapó. Le esperaba en casa un castigo equiparable a su travesura y se libró porque su paciente madre intercedió por él. Ella hacía todo lo que podía para enderezarlo. Constantemente le encomendaba a Dios en sus oraciones, y seguía realizando obras de caridad con los pobres en medio de los reproches de este díscolo hijo, quien, a pesar de sus ácidas críticas, después recordaría sus enseñanzas. El néctar de esta eficaz pedagogía materna era simple y claro: que a Dios se le entrega siempre lo mejor, no los desechos, como él pretendía que hiciese ella con los pobres a los que asistía. De todos modos, si le quedaba algún ápice de fervor, el joven lo perdió por completo cuando inició estudios de filosofía en Poitiers. Entonces abrió los brazos a la vida mundana sin reparar en el poso de infelicidad y amargura que iba trazando en su alma. En un momento dado decidió ingresar en la vida militar sin contar con la opinión de su acomodada familia. De nuevo medió su madre para que pudiera entrar en su domicilio, porque hasta eso le vedaron. Esta brava mujer, que con su fe y constancia pensó que encauzaría la vida de su indómito vástago, incluso fue al ejército, pagó la multa correspondiente y lo liberó de su compromiso.

Andrés era algo desastroso para escribir, así que no fue admitido en ninguno de los trabajos a los que acudió en busca de empleo. Pensó dedicarse a la abogacía, pero siguiendo el consejo que le dieron, se trasladó a casa de un tío que era arcipreste d’Hains. Y allí tocó Dios su turbulento corazón. Inició los estudios eclesiásticos y cultivó la oración y la meditación. Durante un tiempo, después de ser ordenado, fue vicario de su tío. Éste, que tenía fama de santo, le observaba predicar con palabras altisonantes. Un día se le olvidó el sermón, y el venerable sacerdote le advirtió que no buscara lucirse ante los demás, que eso no era del agrado de Dios. Andrés tomó buena nota de ello. Pero aún tenía que desprenderse de otras ataduras. Como párroco de su ciudad natal comenzó a vivir con cierto lujo y comodidades. Agasajaba a sus invitados con prodigalidad, hasta que un pordiosero le llamó la atención: «Padre Andrés, usted vive más como un rico que como un pobre, como lo manda Cristo». Entonces se desprendió de la rica cubertería, repartió sus bienes entre los necesitados y adoptó para sí el espíritu monacal. El remanente que le dejaba su austera vida lo destinaba a la limosna. Los signos de conversión se traslucían en los sermones, y su sacristán un día le confió: «Su Reverencia predicaba antes con palabras que nadie entendía. Ahora entendemos todo lo que dice».

En 1782 su amistad con el P. Riom que estaba al frente de la iglesia de Saint Phèle, de Maillé, ya desaparecida, le permitió conocer a su sobrino, Pedro Coudrin, futuro fundador de la congregación de los Sagrados Corazones de Jesús y de María. Éste, que entonces era seminarista, tomó al santo como confesor. Pasado el tiempo, además de establecerse entre ambos una entrañable relación, se ayudaron mutuamente. Coudrin, en particular, hizo gestiones de gran calado relacionadas con la fundación instituida por Fournet. Pedro nunca olvidó las prácticas que aprendió junto a él, adoptando como suya la costumbre de Andrés de repetir con frecuencia: Sanctus, Sanctus, Sanctus, y Gloria Patri. El estallido de la Revolución francesa los separó. Y fue nueva ocasión para que Fournet testimoniara su fe como también haría Coudrin en su momento. La negativa de Andrés a prestar el juramento exigido a los sacerdotes en contra de la Iglesia, le convirtió en prófugo de la justicia. Durante cinco años permaneció como un fugitivo en España donde se refugió a instancias de su obispo. Pero sentía que debía estar junto a sus fieles, y regresó a Maillé a mediados de 1797. El regocijo del pueblo fue inmenso al conocer la presencia del santo, que llegó de improviso burlando el veto que recaía sobre su persona. Nuevamente sufrió el acoso de sus perseguidores. Tuvo que esconderse hasta en armarios, pero nunca le faltó el apoyo incondicional de los feligreses que le libraron astutamente de ser capturado y condenado. Con el cambio de signo político pudo centrarse abiertamente en su ministerio pastoral. Predicó y confesó de forma incansable por las localidades cercanas. Sacerdotes y laicos le buscaban por su agudeza espiritual y sabios consejos. Muchos seminaristas se vieron agraciados por su generosidad. Les instruía directamente o les proporcionaba buenos formadores hasta que hallaba para ellos un lugar adecuado en los seminarios. En 1804 junto a santa Isabel Bichier des Ages fundó la comunidad de Hijas de la Cruz, denominadas por ella Hermanas de San Andrés, dedicadas a los enfermos y a la juventud. Él fue director espiritual de la santa hasta su muerte que se produjo en La Puye el 13 de mayo de 1834. Tras su deceso el obispo de Poitiers manifestó: «El cielo acaba de enriquecerse con un nuevo miembro y la tierra acaba de perder un modelo de todas las virtudes sacerdotales».

Pío XI lo beatificó el 16 de mayo de 1926, y él mismo lo canonizó el 4 de junio de 1933.

(13 de mayo de 2013) © Innovative Media Inc.


otros santos 13 de mayo:

- Santa María Dominga Mazzarello
- San Servacio de Tongres
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