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jueves, 31 de marzo de 2016

31 de marzo: San Renato de Mérida

El obispo Renovato cierra la época gloriosa de santidad y esplendor emeritense: fue un varón ecuánime, justo e ingenioso. Maestro acabado por su doctrina y ejemplaridad de vida.

Después de gobernar la Iglesia durante muchos años murió en la paz de Dios.

Su cuerpo, junto con los de sus obispos predecesores (Masona e Inocente), descansan sepultados con los mayores honores en una misma cripta, no lejos del altar de la santa virgen Eulalia. Ante sus sepulcros se dieron continuos signos de protección; de aquí que su culto se iniciara por asentimiento o aclamación de la iglesia local en la liturgia, al uso de la época.

Su fiesta se celebra el 31 de Marzo.

Es el último biografiado por el autor de las "Vitas" que dice: "El santo Renato, hombre adornado de todas las virtudes; godo de origen, nacido de rancia prosapia e insigne por el lustre de su familia. Era esbelto de cuerpo, de distinguidos modales, de singular estatura... era mayor aún por dentro su hermosura, inundado en la posesión del Espíritu Santo".

Antes había sido abad del monasterio de Cauliana. Se distinguió en las artes y en las ciencias eclesiásticas, especialmente en las Sagradas Escrituras. Su agudo ingenio le hizo maestro de no pocos discípulos.

Su cuerpo fue sepultado en Mérida, en la cripta de la Iglesia martirial de Santa Eulalia.

(fuente: cofrades.sevilla.abc.es)

otros santos 31 de marzo:

- Beata Natalia Tulasiewicz
- San Benjamín
- Santa Balbina de Roma

miércoles, 30 de marzo de 2016

30 de marzo: Beato Amadeo IX de Saboya

(† 1472)

El Beato Amadeo de Saboya fue el noveno de este nombre y el tercer duque de aquel Estado; vivió treinta y siete años (1435-1472); reinó solamente siete (1465-1472); y fue inscrito en el catálogo de los bienaventurados dos siglos más tarde bajo el pontificado del Beato Inocencio XI.

La Saboya fue siempre uno de los lugares más bellos de la región alpina; situada en el centro de Europa, en territorio francés, al occidente de la cadena de los Alpes, guarda dentro de sí las cumbres más elevadas desde el Monte Blanco hasta el monte Thabor. La magnificencia de sus costas, la grandiosidad de su paisaje, su infinita variedad, los contrastes de color y de vida, la melancólica belleza de las ruinas de castillos y monasterios, ofrecen un espectáculo estupendo, que arrebata la admiración. Sus habitantes son conocidos por la bondad de su carácter y por la sencillez de sus costumbres; defendidos del influjo y contacto con otras gentes por la aspereza de sus montañas, han sabido conservar sus primitivas tradiciones. El saboyano es fuerte y alegre; tiene pocas necesidades y sabe desde antiguo solucionárselas por sí mismo; es además religioso y amante de sus instituciones. Cada uno de los siete valles principales de las tierras saboyanas tiene su propia fisonomía en tipos y maneras, hablándose por este motivo de los "siete países saboyanos", variedades de un mismo tipo social montañés.

La casa de Saboya es una de las familias más antiguas e ilustres, que han reinado en Europa casi hasta nuestros días. Parece ser que su fundador fue Humberto I Blancamano, descendiente de la casa de Sajonia, que vivió en los años 985 al 1048; prestó buenos servicios al rey de Arles Rodolfo III, y al emperador Conrado el "Sálico", recibiendo en recompensa numerosas tierras y privilegios. A través de los siglos el Estado saboyano fue ensanchando sus límites geográficos; las guerras entre los señores feudales, las alianzas, las capitulaciones matrimoniales y las herencias de nobles, fueron abriendo camino al esplendor de la casa de Saboya. En el siglo XV, durante el largo gobierno de Amadeo VIII, los dominios saboyanos alcanzaron la máxima extensión, comprendiendo entre otros territorios la Saboya, el Piamonte y el País de Vaud. Aunque se había avanzado notablemente en el sentido de sustituir el antiguo régimen feudal por un Estado moderno, sin embargo, aún no había desaparecido la organización feudal, que se desarrolló más en la Saboya que en el Piamonte, con grandes y poderosas casas señoriales, afincadas en los cerrados valles alpinos con escasos centros urbanos.

Amadeo VIII de Saboya, de sobrenombre "el Pacífico", consiguió en 1416 del emperador Segismundo la transformación del condado en ducado, recibiendo la solemne investidura. Destacaron en este príncipe sus inquietudes espirituales y su amor por la vida ascética, llegando a crear en la corte un acentuado ambiente de religiosidad, dentro del cual discurrieron los primeros años de vida de su nieto el Beato Amadeo IX de Saboya. Amadeo VIII "el Pacífico", después de haber llevado su casa a una altura jamás soñada en tiempos atrás, se dedicó a dejar el gobierno en manos de su hijo Luis II de Saboya y a retirarse a la vida eremítica con algunos de sus mejores amigos y fieles consejeros; fundó la Orden Militar de San Mauricio, a la que señaló como residencia un nuevo monasterio levantado por su mandato en Ripaglia, cerca de Tournon, y entró en el retiro con sus amigos el día 16 de octubre de 1434, vistiendo todos una túnica y capucha grises, llevando como distintivo un cinturón dorado y una cruz también dorada sobre el pecho. La decisión del duque de Saboya causó honda impresión en Europa, y llamó la atención de los Padres del concilio de Basilea, quienes, después de haber depuesto al papa de Roma Eugenio IV, lo eligieron como sucesor de San Pedro. El duque aceptó la tiara y fue consagrado y coronado el 24 de julio de 1440 con el nombre de Félix V; nueve años más tarde, en bien de la paz de la lglesia, el antipapa Félix renunció al papado en el concilio de Lausana de 1449; el nuevo pontífice Nicolás V lo preconizó cardenal obispo de Saboya y delegado apostólico en Saboya y parte de Suiza; murió en 1451 y sus huesos hallaron descanso en un magnífico monumento erigido en su nombre en la catedral de Turín.

Su nieto, el Beato Amadeo IX de Saboya, nació en Tournon el 1 de febrero de 1435, habiendo sido el hijo primogénito de Luis II de Saboya y de Ana de Lusiñán, hija del rey de Chipre. La dulcedumbre del lago de Ginebra, al pie de cuyas colinas se alza el pequeño pueblo de Tournon, comunicó al joven Amadeo su encanto y su poesía, y las cimas nevadas del San Bernardo Y del Monte Blanco infundieron en su alma el amor por todo lo cándido y puro. Sus cristianos padres lo educaron en el santo temor de Dios, juntamente con sus otros diecisiete hermanos. Muy pronto se manifestaron en el príncipe los piadosos sentimientos y una natural inclinación hacia la virtud; de niño, cuando jugaba y paseaba por los jardines de su palacio, gustaba de hincarse de rodillas y elevar sus manos y sus ojos al cielo, dirigiendo a Dios fervorosas jaculatorias; de joven, se apartaba del fastuoso brillo de la corte, prefiriendo la conversación con los pastores y la meditación en la pasión de Jesucristo, arrasándosele los ojos de lágrimas al contemplar el crucifijo. Su semblante siempre risueño, sus maneras apacibles, su estilo a la vez humano y majestuoso, le hicieron muy pronto dueño de todos los corazones. El Beato Amadeo de Saboya tuvo desde los primeros años de su juventud aquella dulzura, aquel encanto e irresistible simpatía que desprende la santidad verdadera; sin votos de religión, sin hábitos sacerdotales, en medio del bullicio de una corte europea del medievo, supo llevar a la práctica aquel mandamiento de Jesucristo: "Sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto"; porque la santidad puede y debe hacerse en todos los lugares y tiempos, y en todos los modos de vida, acomodando nuestra voluntad a la voluntad de Dios y guardando sus santos preceptos.

Después del tratado de Cleppié (1453), a los diecisiete años de edad, Amadeo IX de Saboya contrajo matrimonio con Violante de Valois, también conocida con el nombre de Yolanda de Saboya, hija del rey de Francia Carlos VII y hermana del más tarde también rey de Francia Luis XI, de la cual estaba prometido desde la cuna (1436). Fue Violante una mujer afectuosa, fiel y amante de su casa y familia; ambos esposos estuvieron desde un principio muy unidos, no sólo en la comunidad de vida, sino principalmente en la rectitud de conciencia y en idénticos sentimientos. La castidad matrimonial fue fecunda, habiendo nacido del amor conyugal nueve hijos, a los que sus padres supieron legar, además de los bienes de fortuna, su religión y virtud; una de sus hijas subió a los altares con el nombre de Beata Luisa de Saboya, la cual, muerto su marido, se encerró en un convento de clarisas, siendo autorizado su culto por el papa Gregorio XVI.

En el año 1465 el Beato Amadeo IX de Saboya sucedió a su padre en el trono, y con este motivo las virtudes que adornaron al príncipe alcanzaron mayor brillo con la diadema. Desde un primer momento, sabedor de que toda autoridad y poder viene de Dios, se esforzó en imponer en la corte sus piadosas tendencias, volviendo la vida cortesana a lograr el mismo o mayor nivel de religiosidad que tuvo en los tiempos de su abuelo Amadeo VIII "el Pacífico". El ejemplo de los príncipes es siempre poderoso y eficaz en la mejoría de las costumbres; el modo de vida del Beato Amadeo de Saboya impuso en todos sus vasallos un sello tan fuerte de honradez, que por mucho tiempo se vio el vicio desamparado en todos sus Estados. La falta de compostura en el templo, el hablar con menosprecio de la religión, las conversaciones licenciosas en la corte, eran motivo suficiente para incurrir en la desgracia del príncipe, quien siempre se mostró resoluto e intransigente cuando estuvieron por medio los intereses de Dios. Fue norma constante en su vida de gobierno el anteponer el servicio de Dios a todas las restantes cosas. No hubo a la sazón corte más brillante ni mejor arreglada en toda Europa; reinando la paz y la justicia con todos sus derechos, y extendiéndose la vigilancia del príncipe a todos sus Estados con segura política interior.

Argumento singular de santidad en el Beato Amadeo de Saboya fue su amor a los pobres; teniendo delante de los ojos aquellas palabras de Jesucristo: "Lo que hiciereis con los necesitados, conmigo lo hacéis", solía repetir, para justificar sus afanes en favor de los desvalidos: "Me conduelo tanto de los pobres, que al verlos no puedo contenerlas lágrimas. Si no amase a los pobres, me parecería que no amaba a Dios". Empleó mucha parte de sus riquezas en fundar hospitales y en dotar los ya existentes con mayores rentas, conservándose todavía en el Piamonte y en la Saboya numerosos vestigios de la magnificencia del caritativo príncipe. Con su propia mano atendía a los necesitados, gozando al distribuirles personalmente las limosnas, visitaba a los enfermos en sus humildes viviendas, socorriéndoles con tanto cariño y solicitud, que alguno de ellos llegó a decir, que sólo por haber sido asistido por el santo duque bendecía la hora en que Dios le había postrado en el lecho víctima de penosa enfermedad; llamábanle el padre de los necesitados, y a su palacio, el jardín de los pobres.

La tradición nos ha conservado una simpática anécdota, que nos descubre hasta dónde llegó la caridad del corazón del Beato Amadeo de Saboya. En cierta ocasión, habiéndole preguntado un embajador de un príncipe extranjero si tenía jauría de perros y si le gustaba la caza como entretenimiento, el duque le contestó: "Tengo otros entretenimientos, en los que me ocupo con mayor placer; deseo que vea el señor embajador con sus propios ojos el, objeto de mis distracciones". Seguidamente el príncipe abrió el balcón de la sala, descubriéndose un gran patio, en el cual iban y tornaban numerosos criados atendiendo y dando de comer a más de quinientos pobres. "Ved ahí señor embajador, mis divertimientos, con los que intento conseguir el reino de los cielos". El embajador intentó diplomáticamente censurar la conducta del santo duque, y le dijo: "Muchas gentes se echan a mendigar por pereza y holgazanería". A lo que respondió el caritativo príncipe: "No permita el cielo que entre yo a investigar con demasiada curiosidad la condición de los pobres que acuden a mi puerta; porque si el Señor mirase de igual manera nuestras acciones, nos hallaría con mucha frecuencia faltos de rectitud". Replicó el embajador: "Si todos los príncipes fuesen de semejante parecer, sus súbditos buscarían más la pobreza que la riqueza". A lo que contestó el Beato Amadeo, de Saboya: "¡Felices los Estados en los que el apego a las riquezas se viera por siempre desterrado! ¿Qué produce el amor desordenado de los bienes materiales, sino orgullo, insolencia, injusticia y robos? Por el contrario, la pobreza tiene un cortejo formado por las más bellas virtudes". Añadió el embajador: "En verdad que vuestra ciencia, en relación con los restantes príncipes de este mundo, es totalmente distinta; porque en todas partes es mejor ser rico que pobre, pero en vuestros Estados los pobres son los preferidos". Continuó el santo duque: "Así lo he aprendido de Jesucristo. Mis soldados me defienden de los hombres; pero los pobres me defienden delante de Dios". Ningún otro príncipe rayó a tanta altura en el ejercicio de la caridad; un día sus ministros le advirtieron que el tesoro se hallaba exhausto a causa de tantas limosnas, y el santo no dudó un momento en entregarles el rico collar de la orden militar que llevaba sobre su pecho, para remediar las necesidades más urgentes de los pobres que acudían a su palacio. Fue siempre clemente y compasivo, sin que estas cualidades le desviaran en ningún caso de la justicia, que administraba con entera rectitud.

Pero quiso Dios probar su virtud con diferentes y graves adversidades, purificando el alma de su siervo como oro en crisol, para que resplandeciera mayormente su santidad. Porque la virtud tanto más vale, cuanto mayor esfuerzo significa; por ello la santidad es patrimonio de almas heroicas, aunque ayudadas siempre de la gracia divina. Durante toda la vida se vio el Beato Amadeo de Saboya atormentado por frecuentes ataques de epilepsia; esta enfermedad, tan sensible como vergonzosa por los impropios movimientos que causan las contorsiones, le sirvió para ejercitarse en la paciencia cristiana, aceptando con alegría la voluntad del cielo. Solía repetir: "Nada más útil para los grandes y poderosos, que las dolencias habituales, que les sirven de freno para reprimir la vivacidad de las pasiones y templan las dulzuras de esta vida con una amargura saludable". Por razón de esta dolencia, los enfermos atacados de epilepsia vienen acudiendo en sus súplicas al Beato Amadeo de Saboya, desde el momento de su muerte, como a especial abogado, encontrando eficaz ayuda y remedio para su mal.

Otra fuente de numerosos sinsabores y grandes amarguras para el Beato Amadeo de Saboya fue la defensa de sus Estados, en tiempos en que la ambición de los príncipes multiplicaba las guerras. Rico de virtudes personales, pero pobre de salud, el santo duque hubiera abdicado si la duquesa Yolanda, mujer de gran energía, no se lo hubiera impedido, para asegurar la sucesión de sus hijos, ocupándose ésta directamente del gobierno de Estado por encomienda de su esposo. Conocedores de esta situación de aparente debilidad, algunos príncipes de los Estados colindantes intentaron incrementar sus dominios a costa de la casa de Saboya, e incluso algún familiar del santo duque pretendió destronarlo para ceñirse la corona ducal; unos y otros tropezaron con la entereza del Beato Amadeo de Saboya en la defensa de sus derechos, quien supo poner remedio pacífico a violentas situaciones con la magnanimidad de su corazón. Concedió inmediatamente la libertad al duque Galeazzo María Sforcia, tan pronto como supo que sus soldados lo habían arrestado, sorprendiéndolo al atravesar disfrazado las tierras de Saboya, cuando regresaba desde Francia a sus Estados; sin embargo, no pudo conseguir la amistad del duque, desde antiguo enemigo de la casa de Saboya. Años más tarde, cuando el marqués de Monferrato rechazó el derecho del Beato Amadeo IX de Saboya al homenaje, reclamado en conformidad con el tratado de 1412, dando con ello origen a la guerra en el Piamonte, el duque de Milán, Galeazzo María Sforcia, intervino a favor del marqués; la duquesa Yolanda se alió con Borgoña y Venecia, nombró capitán general de sus tropas a Felipe de Bressa, hermano del duque de Saboya, y logró ayuda de su hermano Luis XI de Francia; mas otra vez el bondadoso corazón del Beato Amadeo se interpuso a favor del duque de Milán, firmó con él nuevos tratados, le dio como esposa a su hermana menor Bona de Saboya, logrando una paz definitiva en 1468. Felipe de Bressa, de carácter levantisco e inquieto, apoyado por el duque de Borgoña, intentó apoderarse del Estado, asediando a Montmélian en 1471, donde se encontraba la corte; pero tan sólo pudo hacer prisionero a su hermano Amadeo, mientras Yolanda se refugiaba en Grenoble, salvando a sus hijos en Francia; la intervención de Luis XI de Francia y la presión diplomática de Milán y Suiza hicieron el acuerdo; Felipe de Bressa dejó que Amadeo retornase con su mujer, devolvió las fortalezas, y obtuvo para sí la lugartenencia por benigna concesión de su hermano ya enfermo de muerte. Yolanda de Saboya condujo ahora al príncipe al Piamonte, estableciéndose en la ciudad de Verceli, en otros tiempos de la corona de Saboya, pero a la sazón en poder del duque de Milán, amparándose en la protección del duque.

Rodeado de tantas desventuras, el Beato Amadeo de Saboya fortalecía la entereza de su carácter y la bondad de su corazón con los consuelos de la religión; muchas veces fue a pie, acompañado de su esposa, a Chambery, para tributar culto al Santo Sudario, que se venera en aquella ciudad; fue muy devoto de la Santísima Virgen, a la que llamaba su Señora y a la que honraba con frecuentes devociones; hizo a Roma de incógnito una visita, encontrando en aquellos santos lugares paz para su alma e incremento de su piedad, dejando en la iglesia de San Pedro y en otras de la Ciudad Eterna ricos presentes.

Consumido, en fin, a violencias de tantos rigores, conociendo cercano su acabamiento, llamó a su presencia a los principales señores de su corte, nombró regente de sus Estados a la duquesa, su mujer, fiel compañera, e hizo testamento político con estas palabras: "Mucho os recomiendo a los pobres, derramad sobre ellos liberalmente vuestras limosnas, y el Señor derramará abundantemente sobre vosotros sus bendiciones; haced justicia a todos sin acepción de personas; aplicad todos vuestros esfuerzos para que florezca la religión y para que Dios sea servido". Este fue su testamento, y también el programa de su política durante los pocos años de su reinado. Murió en Verceli en el año 1472 en el día 31 de marzo, fecha en que la Iglesia celebra su fiesta. La noticia de su muerte puso fin a las procesiones públicas rogativas, llevando el luto a todos los lugares de la Saboya y el Piamonte. Fue sepultado en la románica iglesia de San Eusebio de Verceli, debajo de las gradas del altar mayor, confirmando el cielo con numerosos milagros la fama de santidad que ya en vida gozaba Amadeo IX de Saboya.

Su compaisano San Francisco de Sales un siglo más tarde, haciendo viaje a Roma, quiso pasar por Verceli, para rezar delante de las reliquias del siervo de Dios Amadeo, encontrando alegría para su alma en la iglesia de San Eusebio; y testigo del vivo culto popular, alimentado con los muchos prodigios acaecidos junto a su sepulcro, rogó al papa Paulo V que fuese canónicamente reconocido; pero fue otro siglo después cuando el papa Beato Inocencio XI concedió a Amadeo IX de Saboya los honores de la beatificación, y dio licencia para que se rezase oficio y se dijese misa en su honra dentro de los dominios del duque de Saboya y dentro de Roma en la iglesia de la nación. En el largo espacio de cinco siglos no se ha entibiado la devoción de los pueblos hacia el santo duque, existiendo en la actualidad en casi todos los lugares del antiguo ducado de Saboya numerosos testimonios del culto popular.

Uno de sus sucesores, Carlos Manuel I (1580-1630), durante su reinado mandó acuñar algunas monedas de plata con la efigie del Beato Amadeo, rodeada de la siguiente inscripción: "Bendice a tu descendencia"; el pueblo llamó a las monedas mayores de nueve florines "Beatos Amadeos", y a las monedas más pequeñas de tres florines simplemente "beatas", nombre que sirvió durante mucho tiempo para designar en general a todas las monedas de plata de pequeño tamaño en los países de Europa.

escrito por Doroteo Fernández Ruiz
(fuente: www.mercaba.org)

otros santos 30 de marzo:

- San Pedro Regalado
- San Juan Climaco 
- San Zósimo de Siracusa

martes, 29 de marzo de 2016

29 de marzo: San Guillermo Tempier

Obispo

Martirologio Romano: En Poitiers, en Aquitania, en Francia, san Guillermo Tempier, obispo, que, prudente y firme, defendió contra los nobles la Iglesia a él encomendada, ofreciendo en su persona un integérrimo ejemplo de vida. (1197)

No tenemos muchas noticias acerca de san Guillermo Tempier, pero su memoria estuvo desde el origen ligada al 29 de marzo y así la reporta el Martirologio Romano.

Se desconoce cuándo y dónde nació, se cree que en Poitiers (Francia), porque era Canónigo Regular en San Hilario de Poitiers, fue elegido obispo de esa ciudad en 1184, como lo prueba un documento de ese año.

Es recordado por su valentía en la defensa de los derechos y bienes de su diócesis; esto también se sustenta en un documento de 1185, que lo señala como defensor contra los perseguidores de la Diócesis, y dotado de viril paciencia.

En 1191 aparece como «Guillermo el fuerte», en ese año obligó a una de sus vasallos a prestarle el debido homenaje; no hay que olvidar que era la Edad Media, y las costumbres generales de la época obligaban a asumir actitudes, para nosotros hoy incomprensibles.

Después de trece años de intenso episcopado, murió el 29 de marzo de 1197, y fue enterrado en la iglesia de San Cipriano. Guillermo Tempier, el obispo que en vida fue fuertemente confrontado por los notables de la diócesis, de muerto fue honrado como santo; señal de que, además de la energía expresada en la conducción administrativa y política de la diócesis, en el campo pastoral fue un gran obispo, atento a la vida espiritual de sus fieles, para quienes era un ejemplo íntegro.

El pueblo de Poitiers se dirigía a su tumba para ser curados de hemorragias.

responsable de la traducción: Xavier Villalta


(fuente: catholic.net; santiebeati.it)

otros santos 29 de marzo:

- Santa Gladys
- Beato Bertoldo del Monte Carmelo
- San Gundleus (Gundleius o Gwynnllyw)

lunes, 28 de marzo de 2016

28 de marzo: Beata Juana María de Maillé

n.: 1331 - †: 1414 - país: Francia
canonización: Conf. Culto: Pío IX 27 abr 1871

En Tours, ciudad de Francia, beata Juana María de Maillé, la cual, al morir su esposo en la guerra, quedó reducida a la miseria y, desalojada por los suyos de su casa, vivió abandonada de todos y recluida en una pequeña celda cerca del convento de los Hermanos Menores, mendigando el pan, mas llena de confianza en el Señor.

Juana María de Maillé nació el 14 de abril de 1331 en el castillo de La Roche, en la diócesis de Tours. Tuvo una primera visión de la Virgen María y del Niño Jesús en 1342 y se consagró a honrar la Pasión de Cristo. Recibió la primera educación religiosa de un padre franciscano, confesor de la familia; él le enseñó el amor ardiente a Cristo muerto por la salvación de la humanidad, a nuestra Señora, Madre de Dios y Madre de los hombres, y al Seráfico Pobrecillo San Francisco. Ella se empeñó en imitar sus virtudes, especialmente el amor a la pobreza, a la humildad y a la oración, y se hizo hija suya militando entre los hermanos y las hermanas de la Penitencia de la Tercera Orden Franciscana.

Cuando la joven creció su padre había muerto, y su tutor, el abuelo paterno, decidió en 1347 casarla con Roberto de Silly, un noble vecino. Sin embargo los dos jóvenes esposos, que se conocían desde niños, no pudiendo evitar cumplir con lo pactado por sus familias, decidieron de común acuerdo conservar la virginidad y se dedicaron a socorrer a los desventurados durante la gran epidemia de peste negra en los años 1346-1353; adoptaron como hijos a tres huérfanos. Roberto, capturado por los ingleses y rescatado a precio de su fortuna, murió en 1362.

Juana María, como en otro tiempo santa Isabel de Hungría, fue expulsada brutalmente por la familia de Silly, quienes le reprochaban a Juana haber empobrecido a su marido con las limosnas que daba. Ella perdonó generosamente a cuantos le habían procurado tanto dolor y bendijo a Dios en el momento de la prueba. Se retiró a Tours para dedicarse a la oración y a las buenas obras. Hizo voto de perpetua castidad en las manos del arzobispo de Tours y entró en el hospicio de los enfermos, decidida a llevar una vida sacrificada por el bien de los hermanos pobres, enfermos y necesitados, como hacían los primeros terciarios franciscanos. Perseguida por la malevolencia de los que la rodeaban, se retiró al eremitorio de Planche de Vaux, donde llevó vida contemplativa.

Una vez que rezaba en una iglesia una loca le tiró una piedra en la cabeza, y los cirujanos no pudieron cerrarle la herida, pero milagrosamente se le curó, aunque llevó de por vida la marca. Obligada por las condiciones de salud a regresar a Tours en 1386, se fue a vivir junto al convento de los Cordígeros, nombre popular de los Franciscanos, y se puso bajo la dirección del padre Martín de Bois Gaultier. Su celo la llevó varias veces a la corte de Carlos VI, el rey loco, ya a Tours, ya a París, para intentar que corrigiera sus costumbres. Fue favorecida con carismas místicos, era consultada en todas partes y admirada por sus penitencias y por su santidad.

Murió el 28 de marzo de 1414, a los 82 años. Su cuerpo fue sepultado con la túnica de las Clarisas. Se conservan las actas del proceso informativo acerca de sus virtudes y milagros, abierto en 1414 con vistas a la canonización, aunque nunca se llegó a concluir. Su culto fue confirmado por SS. Pío IX el 27 de abril de 1871. Su memoria se celebra a veces el 6 de noviembre, aniversario de una traslación de reliquias.

Noticia de «Franciscanos para cada día», de Fr. G. Ferrini O.F.M., cotejada y mejorada con la biografía en inglés de «Butler's Lives of Saints» de Thurston, ed. 1990. Acta de confirmación de culto en Actae Sanctae Sedis 6, 1871, pág 365. Ver Acta Sanctorum, marzo III, pág 735ss; y Leon, Aureole Seraphique, vol. II; también la vida de la beata por A. de Crisenoy (1948). La autoría de este artículo se refiere a la combinación de fuentes.

escrito por Abel Della Costa
(fuente: eltestigofiel.org)

otros santos 28 de marzo:

- San José Sebastián Pelczar
- San Proterio de Alejandría 
- San Guntrano

domingo, 27 de marzo de 2016

27 de marzo: San Alejandro de Drizipara

Legionario y Mártir

En Drisípara de Panonia, san Alejandro, soldado, el cual, imperando Maximiano, después de haber tolerado por Cristo muchos suplicios y hecho muchos milagros, cortada la cabeza consumó el martirio.

NOTA: Su nombre no consta en el actual Martirologio Romano, pero si en la edición de 1956.

Etimológicamente: Alejandro = Aquel que protege al hombre, es de origen griego.

Este joven mártir romano dio muestras fehacientes de lo que significa el perdón para todo ser humano y, para el creyente – con mayor razón todavía.

Era un militar a las órdenes del tribuno Tiberio, en tiempos del emperador Maximiliano (286-305).

Se celebraban en la ciudad imperial unas grandes fiestas dedicadas al honor de Júpiter, el dios de los dioses.

Sabían que era cristiano. Entonces quisieron obligarle a que hiciera los sacrificios al dios.

Como era natural y consecuente con su fe en el Resucitado, se negó en rotundo.

Como era un militar afamado, lo llevaron ante el emperador. En su presencia profesó abiertamente su fe. Consecuencia: le torturaron y le enviaron a Tracia, en donde le dieron fuertes castigos. Pero todo lo soportó con alegría por Jesús, perdonando a sus verdugos.

Lo trasladaron de una sitio para otro. Los interrogatorios continuos lo indignaban.

Cansados, lo transfirieron a Drizipara (actual Karistiran) en donde lo decapitaron.

Arrojaron su cuerpo al río y cuatro perros lo rescataron en presencia de su madre Pemenia.

El culto a Alejandro comenzó con mucho fervor en el siglo VI. Exaltaban el valor de la madre dando sepultura a su hijo.

escrito por P. Felipe Santos 
(fuente: catholic.net)

otros santos 27 de marzo:

- San Ruperto de Salzburgo
- Beato Francisco Faà di Bruno 
- Beata Panacea de'Muzzi

sábado, 26 de marzo de 2016

26 de marzo: San Ludgero de Münster

Obispo y fundador

Misionero y predicador que se dedicó a la Evangelización en tierras paganas. Fundó muchos monasterios y centros para propagar la fe

Martirologio romano: En el monasterio de Werden en Sajonia, Alemania, tránsito Liudgero santo, obispo, que, instruido por Alcuino, predicó el Evangelio en las tierras de los Países Bajos, Dinamarca y Sajonia, formaron la sede episcopal de Münster y fundaron muchos monasterios, bienes y centros de propagación de la fe.

Ludgero significa: Batallador, proviene del alemán

Resumen: Nació alrededor de 745 en Friesland está relacionado con la evangelización de Alemania transrenana. Después de su ordenación sacerdotal, se dedicó a la evangelización de la región pagana de Friesland. En el 776, durante la primera expedición a esta zona, Carlomagno impuso el bautismo a todos los guerreros vencidos; pero la revuelta de Widukindo vino acompañada por una apostasía general. Ludgero huyó y llegó a Montecasino. La insurrección de Widukindo fue sofocada en el 784. El mismo emperador Carlomagno fue a reunirse con Ludgero en Montecassino y lo envió de regreso a su tierra natal, y le entrega la misión de reanudar la evangelización en Frisia, pero el Santo no aceptó. Tomó el lugar del abad Bernard en el territorio de Sajonia. En 795 Ludgero edificó el monasterio, alrededor del cual se construyó la actual ciudad de Munster. Murió en el año 809.


Biografía

La historia de San Ludgero, primer obispo de Munster, nació alrededor del año 745 en Frisia, proviene de una noble familia, está vinculado a un hecho del nuevo mundo cristiano: en el que el cristianismo superó las fronteras del imperio romano, con la evangelización de la Alemania transrenana. En esta obra misionera, que logró el máximo desarrollo con san Bonifacio, encontramos comprometido a san Ludgero, discípulo de san Gregorio y de Alcuino de York.

Después de haber recibido su ordenación, la cual recibió en Colonia, en el año 777, se dedicó a la evangelización de la región pagana de Frisia, donde San Bonifacio había sufrido el martirio.

Los métodos utilizados por el emperador Carlomagno para someter a esta área y cristianizarla eran muy poco acordes y sin armonizar por completo con el espíritu del Evangelio. En el 776, durante la primera expedición, el monarca impuso el bautismo a todos los soldados a los cuales él les había ganado en la batalla; pero con la revuelta de Widukindo, vino la apostasía general. Ludgero tuvo que huir, y después de detenerse en Roma y salir de allí, llegó a MonteCasino en donde tomó el hábito del monje sin tomar los votos.

La insurrección de Widukindo fue sofocada en el 784. El rechazo al bautismo y al incumplimiento del ayuno en la Cuaresma, en aquel tiempo se castigaba con la muerte; pero este reinado del terror, contra el cual se levantó el gran maestro Alcuino, hacía que todos odiaran al mismo cristianismo, que, sin embargo, echó raíces y floreció grandemente, gracias a auténticos heraldos del Evangelio, como San Ludgero, a quien, el mismo emperador Carlomagno fue a buscarlo para reunirse en Monte Cassino para que regresara a su casa, quien lo acusa de reanudar la misión en Frisia. Poco después, para recompensarlo por su celo apostólico, le ofreció el obispado vacante de Tréveris, pero el santo se negó. En su lugar, aceptó la tarea de ser un misionero, para luego, tomar el lugar del abad Bernardo en el territorio de Sajonia.

En el año 795 Ludgero edificó allí un monasterio, alrededor del cual surgió la ciudad actual de Münster (en alemán Münster quiere decir monasterio). El territorio pertenecía al distrito eclesiástico de Colonia, pues Ludgero aceptó solamente en el 804 ser consagrado obispo de la nueva diócesis. Antes de esta fecha el infatigable misionero no tenía residencia fija.

En 795 Ludger edificó el monasterio, alrededor del cual se construyó la actual ciudad de Munster (Munster en alemán significa monasterio). El territorio pertenecía al distrito eclesiástico de Colonia. En el 804, Ludgero aceptó ser consagrado obispo de la nueva diócesis. Antes de esta fecha, el misionero infatigable no tenía domicilio fijo.

Construyó iglesias y escuelas y fundó nuevas parroquias que confió a los sacerdotes que él mismo había formado. También se debe a él la fundación del monasterio benedictino de Werden en donde después fue sepultado. Murió el 26 de marzo del 809 e inmediatamente fue venerado como santo. Su tumba en Werden sigue siendo meta de peregrinaciones.

(fuente: pildorasdefe.net)

otros santos 26 de marzo:

- San Pedro de Sebaste
- Beata Magdalena Catalina Morano
- San Braulio de Zaragoza

viernes, 25 de marzo de 2016

25 de marzo: Beato Tomás de Costacciaro

Eremita

Martirologio Romano: Junto a Costacciaro, en la Umbría, beato Tomás, ermitaño, que pasó sesenta y cinco años en vida eremítica y la enseñó a otros a vivirla († 1337).

Etimológicamente: Tomás = mellizo, es de origen arameo.

Fecha de beatificación: Su culto fue confirmado el 18 de Marzo de 1778 por el Papa Pío VI


Breve Biografía

El Beato Tomás nació en el pequeño pueblo de Costacciaro, distante alrededor de once kilómetros de Gubbio, en Umbría.

Todavía niño, su corazón se inclinaba por las prácticas piadosas y su padre lo llevaba a la campiña a visitar los santuarios y lugares de peregrinación.

Fue de esta manera como conoció a los ermitaños camaldulenses de San Romualdo, en su retiro de Sitria y, le atrajo de tal suerte esa manera de vida, que obtuvo el consentimiento de su padre para entrar en esa orden.

Pasó varios años entre ellos, pero añoraba mayor penitencia y vida solitaria. Con el consentimiento del abad, tomó posesión de una vieja cueva en Montecupo o Montecucco, que se suponía haber estado habitada, en alguna ocasión, por San Jerónimo.

Cuatro años vivió en aquélla soledad y su manera de vida, como dice su biógrafo, fue sólo conocida de Dios. Es cierto que haya vivido de raíces y frutas silvestres, y que los fieles, no sabiendo de su existencia, no pudieron proporcionarle alimentos, como lo hacían con los otros ermitaños.

Por último, accidentalmente fue descubierto por unos viajeros que se habían extraviado en su camino. Sus penitencias y ayunos lo habían dejado reducido a la piel y a los huesos y la gente piadosa le trajo alimento y bebida, pero él no alteró su manera de vivir y regaló todo a los pobres que se habían empezado a reunir a su alrededor.

Varios jóvenes quisieron unirse a él y sujetarse a su disciplina, pero no los ató con ninguna promesa y les permitió discurrir libremente. Ellos atesoraron sus dichos y sus milagros y uno de ellos, posteriormente, escribió su vida.

Se dice que Tomás murió el año de 1337, agotado por las austeridades y privaciones.

(fuente: misa_tridentina.t35.com; catholic.net)

otros santos 25 de marzo:

- Santa Margarita Clitherow
- Santa Lucía Filippini 
- Beato Emiliano (Omeljan) Kovc

jueves, 24 de marzo de 2016

24 de marzo: Beata María Karlowska

Fundadora de la Congregación de Hermanas Pastorcitas de la Divina Providencia

Martirologio Romano: En el lugar de Pniewite, junto a Gdansk, en Polonia, beata María Karlowska, virgen, que instituyó la Congregación de Hermanas del Divino Pastor de la Divina Providencia, cuya finalidad era que recuperasen la dignidad de hijas de Dios las jóvenes y mujeres pobres caídas en la corrupción de costumbres (1935).

Etimológicamente: María = eminencia, excelsa. Es de origen hebreo.

Fecha de beatificación: 6 de Junio de 1997 por el Papa Juan Pablo II.

Nació el 4 de Septiembre de 1865 en Karlawo, Polonia.

Desempeñó una actividad de auténtica samaritana entre las mujeres que sufrían una gran miseria material y moral.

Su santo celo atrajo en seguida a un grupo de discípulas de Cristo, con quienes fundó la Congregación de las religiosas Pastorcitas de la Divina Providencia.

Estableció para ella y para sus religiosas la siguiente finalidad: «Debemos anunciar el Corazón de Jesús, es decir, vivir de él y en él y para él, de modo que lleguemos a ser semejantes a él y que él sea más visible en nuestra vida que nosotras mismas».

Su entrega al Sagrado Corazón del Salvador dio como fruto un gran amor a los hombres. Sentía una insaciable hambre de amor. Según la beata María Karłowska, un amor de este tipo nunca dirá basta, nunca se detendrá en el camino. Era precisamente esto lo que le sucedía, porque estaba impulsada por la corriente del amor del divino Paráclito. Gracias a ese amor, devolvió a muchas almas la luz de Cristo y les ayudó a recuperar la dignidad perdida.

Murió el 24 de Marzo de 1935 en Pniewita, Polonia.

Fue beatificada por Su Santidad Juan Pablo II el 6 de Junio de 1997 en misa solemne efectuada en Zakapane, Polonia.

(fuentes: vatican.va; catholic.net)

otros santos 24 de marzo:

- San Agapito de Sínada

- Beato Diego José de Cádiz
- Santa Catalina de Suecia

miércoles, 23 de marzo de 2016

23 de marzo: Beato Metodio Domenico Trčka

Metodio nació Trčka Domingo 6 de julio 1886 en Frýdlant nad Ostravicí (ahora República Checa). Último de siete hijos de Františka (Francesca) y Štěrbová Tomas (Thomas) Trčka, fue bautizado al día siguiente.

Orientado para la vida religiosa, en 1902 entró en la Congregación del Santísimo Redentor, profesando votos religiosos 25 de agosto de 1904, después de un año de noviciado. Estudió teología y fue ordenado sacerdote en Praga 17 de julio de 1910, por el Arzobispo Leo Skrbenský.

Costos durante los primeros años de sacerdocio en la pastoral de misiones populares, con domicilio en Praga, en el santuario mariano de Svatá y Hora Plzen. Durante la I ª Guerra Mundial no escatimó las fuerzas para hacer frente en particular los refugiados croatas, eslovenos y rutheni, que no sólo administra los sacramentos y la enseñanza de la catequesis, pero también solicitó la concesión de cualquier necesidad.

Ya durante los años del taller expresaron su deseo de trabajar entre los cristianos del rito oriental, que era capaz de lograr en 1919, cuando, por el Superior Provincial de los Redentoristas de la ciudad de Praga, fue enviado a Lviv, para llevar a cabo el apostolado entre los fieles greco-católicos. En diciembre de 1921 fue enviado a Stropkov en el este de Eslovaquia, en el que, con sus hermanos, fundó la primera comunidad redentorista de rito latino y bizantino. Se convirtió en superior de la comunidad, en 1924, fue una ferviente actividad misionera en los tres eparquías de Prešov, Užhorod Krizevci y proclamar la Palabra de Dios y la fraternidad de la fundación de la "Madre del Perpetuo Socorro y el Santo Rosario."

En 1931, los Redentoristas griego-católicos se trasladó a la nueva casa en Michalovce. P. Metodio fue mayor, hasta julio de 1932, cuando, cansado del trabajo y la construcción de la casa religiosa, volvió a Stropkov, donde, además de la atención, también está involucrada en el trabajo pastoral en la ciudad y las parroquias vecinas. Ya en Michalovce en 1934, en marzo del año siguiente, la Congregación para las Iglesias Orientales, fue nombrado visitante apostólico de la Basiliana Hermanas en Prešov y Užhorod.

Reelegido superior en julio de 1936, sostuvo que trabajo hasta el mes de abril de 1942.

Durante la Segunda Guerra Mundial, los Redentoristas ª sufrido muchas dificultades por el Estado eslovaco, que sospecha de ellos de la intolerancia y la propaganda contra el Estado. P. Metodio, el principal sospechoso como los anteriores, por el bien de la comunidad pensaron que proceda a dimitir e ir a Ucrania con otros tres hermanos, pero no recibió la autorización del Estado.

Al final de la Segunda Guerra Mundial ª mejora de las relaciones con el Estado, a fin de que los Redentoristas, 21 de diciembre de 1945, erigió canónicamente la Vice Provincia de Michalovce, y 23 de marzo del año siguiente, p. Metodio fue nombrado Vicepresidente primero-arriba.

Con el advenimiento del régimen comunista, sin embargo, en poco tiempo, todo se borra. Fue suprimida en 1949, Vice-Provincia y durante la noche del 13 de abril de 1950, todos los religiosos fueron trasladados a campos de concentración. P. Metodio, que en ese momento estaba en Sabinov, fue trasladado a Podolínec y de aquí en varias ocasiones llevó a la famosa "Mlyn de Leopoldov". Los testimonios de otros presos que afirman proteger a sus hermanos que entiende todas las culpas y responsabilidades, la tortura permanente con serenidad.

Durante el juicio, 12 de abril de 1952, fue acusado de colaboración con el obispo porque Gojdic revelar cartas pastorales y dio información a sus superiores en Praga y Roma a través de ellos. Esto se consideró de alta traición y espionaje contra el Estado. Con estos argumentos y con una falsa historia de un intento de huir al extranjero, p. Metodio fue condenado a 12 años de prisión. Vivió los últimos años en las cárceles de Ilava, Mirove y Leopoldov.

A pesar de la enfermedad, debido a la edad y las duras condiciones de vida, su espíritu sigue siendo fuerte, siempre la esperanza en Dios y en su voluntad. Cuando tuvo la oportunidad no sólo oró, sino también la celebración de la sagrada liturgia.

En abril de 1958 fue trasladado a Leopoldov, considerada una de las más duras prisiones. Durante el período de Navidad, mientras canta una canción religiosa fue escuchado por el poseedor de la prisión y trasladado a la "célula de corrección", las que, debido a las dificultades y la pared e insalubres, está enfermo con neumonía. Un compañero de prisión, que era médico, pidió que la p. Metodio fue llevado en el hospital, pero sólo tiene la transferencia de una celda de aislamiento, que no ofrece ningún tipo de mejora para su salud se ve comprometida. Después de un tiempo en su celda, murió a las 9 am el 23 de marzo de 1959, después de haber perdonado a sus torturadores.

Enterrado en el cementerio de la prisión, en 1969, con la restauración de la iglesia greco-católica, los hermanos fueron capaces de transferir el cuerpo a Michalovce, que actualmente descansa en la iglesia redentorista de "Espíritu Santo".

Metodio Domingo Trčka fue beatificado en Roma por el Siervo de Dios Juan Pablo II, el 4 de noviembre de 2001.

(fuente: www.evangeliodeldia.org)

otros santos 23 de marzo:

- San José Oriol
- San Toribio de Mogrovejo
- Beato Marcos de Montegallo

martes, 22 de marzo de 2016

22 de marzo: San Epafrodito

Colaborador de San Pablo
(siglo I)

En su segundo viaje apostólico, Pablo pasó a Europa después de embarcarse en Tróade (Troya). Venía impulsado por el Espíritu, que lo invitaba constantemente a dirigirse a Occidente. Habiendo desembarcado en Neápolis, recorrió por la vía Egnatia el breve camino que le separaba de Filipos. Era ésta una ciudad que, desde los tiempos del emperador Augusto, alojaba a numerosos veteranos de las legiones romanas. Fue la primera ciudad europea en la que predicó San Pablo en los años 50-51.

En Filipos conoció a Lidia, la vendedora de telas de púrpura procedente de Tiatira, que, junto a toda su familia, lo acogió en su casa y aceptó la fe cristiana. Estableció Pablo unas relaciones de amistad muy sincera con la comunidad que había de surgir en Filipos.

Andando el tiempo, Pablo es encarcelado. En una de las prisiones que sufrió, ya sea en Éfeso o en Roma, llega hasta él un emisario de aquella comunidad de Filipos. Es Epafrodito. Su nombre significa «amable», y lo sería ciertamente para Pablo. Trae un obsequio de parte de los filipenses. Podían ser ropas, alimentos o tal vez dinero para ayudar a Pablo en los momentos difíciles de su prisión. Pero, sobre todo, trae su propia ayuda personal y su disposición para colaborar en la evangelización.

Epafrodito es el mensajero de una comunidad agradecida que presta colaboración y ayuda a quien ha sido su evangelizador. Este pequeño detalle de la comunidad mueve a Pablo a escribir una carta de agradecimiento, la Carta a los Filipenses. Todo un modelo de delicadeza. Todo un modelo de gratitud.

También sabemos de este buen emisario que, durante su permanencia junto al apóstol, contrajo una grave enfermedad y estuvo a punto de morir. Una vez restablecido, Pablo lo envió de nuevo a su comunidad de origen, haciéndole portador de la hermosa Carta a los Filipenses.

He aquí los sentimientos que Pablo expresa a propósito de él: «Entretanto, he juzgado necesario devolveros a Epafrodito, mi hermano, colaborador y compañero de armas, enviado por vosotros con el encargo de servirme en mi necesidad, porque os está añorando a todos vosotros y anda angustiado porque sabe que ha llegado a vosotros la noticia de su enfermedad. Es cierto que estuvo enfermo y a punto de morir. Pero Dios se compadeció de él; y no sólo de él, sino también de mí, para que no tuviese yo tristeza sobre tristeza. Así pues, me apresuro a enviarle para que, viéndole de nuevo, os llenéis de alegría y yo quede aliviado en mi tristeza. Recibidle, pues, en el Señor con toda alegría, y tened en estima a los hombres como él, ya que por la obra de Cristo ha estado a punto de morir, arriesgando su vida para supliros en el servicio que no podíais prestarme vosotros mismos» (F1p 2, 25-30).

Sin embargo, la Carta a los Filipenses es mucho más que el testimonio de un corazón agradecido. Pablo no se limita solamente a expresarse con palabras corteses, agradeciendo el regalo que le ha sido enviado. Basta recordar el capítulo 2 en el que Pablo invita a los destinatarios de la carta a vivir en la humildad, haciendo suyos los sentimientos de Cristo. Para fundamentar su exhortación, Pablo introduce en el texto de la carta un himno que seguramente ya era conocido por las comunidades: Cristo, siendo de naturaleza divina, no se había guardado tal honor como un botín, sino que se había despojado de su rango para hacerse semejante a los hombres, pasando como un esclavo hasta sufrir una muerte y muerte de cruz. Tal abajamiento no terminaba sin embargo ahí. Por él, el Padre celestial lo había ensalzado hasta llegar a darle un nombre sobre todo nombre, para que ante el nombre de Jesús toda rodilla se doble en el cielo, en la tierra y en los abismos, y toda lengua proclame que Jesucristo es Señor para gloria de Dios Padre (cf. Flp 2, 5-11).

Como podemos deducir por la lectura de este himno, Epafrodito debió de ser testigo privilegiado del corazón orante y místico de Pablo. Pero también fue testigo del corazón agradecido del apóstol.

Al final de la carta, Pablo evoca, en efecto, la íntima confianza que ha mantenido siempre con los miembros de la comunidad de Filipos. De hecho, sólo de ellos había aceptado alguna ayuda económica que pudiera subvencionar sus viajes apostólicos: «Me alegré mucho en el Señor de que ya al fin hayan florecido vuestros buenos sentimientos para conmigo. Ya los teníais, sólo que os faltaba ocasión de manifestarlos. No lo digo movido por la necesidad, pues he aprendido a contentarme con lo que tengo. Sé andar escaso y sobrado. Estoy avezado a todo y en todo: a la saciedad y al hambre; a la abundancia y a la privación. Todo lo puedo en aquel que me conforta. En todo caso, hicisteis bien en compartir mi tribulación. Y sabéis también vosotros, filipenses, que en el comienzo de la evangelización, cuando salí de Macedonia, ninguna Iglesia me abrió cuentas de "haber y debe", sino vosotros solos. Pues incluso cuando estaba yo en Tesalónica enviasteis por dos veces con qué atender a mi necesidad. No es que yo busque el don; sino que busco que aumenten los intereses en vuestra cuenta» (Flp 4, 10-18).

Es la hora de la despedida. A la expresión de la asombrosa riqueza del apóstol, sometido a la tremenda pobreza y decrepitud de las prisiones antiguas, se añade ahora una última pa-labra de gratitud para el mensajero fiel que se ha hecho portador del regalo de los filipenses. Un regalo que para su destinatario, Pablo, es más que una muestra de cortesía: es el signo de la comunión fraterna y, sobre todo, una especie de sacrificio litúrgico: una ofrenda a Dios, de quien Pablo es confiado y humilde servidor. Pocas veces los signos de la fraternidad han sido descritos con palabras teológicas tan altas.

La comunicación de bienes entre las Iglesias particulares no es solamente una exigencia de solidaridad humana, sino una especie de sacramento de la comunión en la fe y en el amor: «Tengo cuanto necesito, y me sobra; nado en la abundancia después de haber recibido de Epafrodito lo que me habéis enviado, suave aroma, sacrificio que Dios acepta con agrado. Y mi Dios proveerá a todas vuestras necesidades con magnificencia, conforme a su riqueza, en Cristo Jesús. Y a Dios, nuestro Padre, la gloria por los siglos de los siglos. Amén» (Flp 4, 18-23).

La figura de Epafrodito, el colaborador «amable», ha llegado hasta nosotros como la de un mensajero fiel. Un eslabón entre una comunidad creyente y su evangelizador, testigo del Señor Jesucristo. Epafrodito, miembro activo de una comunidad cristiana primitiva, es un modelo silencioso para los miembros de las comunidades cristianas de hoy.

escrito por José-Román Flecha Andrés
(fuente: www.mercaba.org)

otros santos 22 de marzo:

- San Nicolás Owen
- Beato Cardenal Clemens August von Galen
- Santa Catalina de Suecia

lunes, 21 de marzo de 2016

21 de marzo: San Serapión de Thmius

Obispo.

Se desconocen datos de su vida hasta que por su vasta cultura -religiosa y académica-, se le elige director de la Escuela Catequética de Alejandría donde se le conoce como "el Maestro".

Tiempo después renuncia para dedicarse a la vida ascética, dirigiéndose al desierto para unirse al eremitorio presidido por San Antonio Abad, de quien es discípulo; al morir el santo le hereda una de sus túnicas de piel de animal.

Es nombrado obispo de Thmius -población ubicada cerca de Dióspolis, en el Bajo Egipto-, donde brilla por sus amplios conocimientos e inquebrantable fidelidad a la Iglesia. Participa en el concilio local de Sárdica (antigua Tracia, actual ciudad de Sofía, Bulgaria) en 347 y con san Atanasio de Alejandría -Doctor de la Iglesia y Padre de la Ortodoxia-, se enfrenta contra las herejías del pagano Arrio (256-336), por lo que es desterrado.

Asimismo, se opone con firmeza a las ideas heréticas del macedonianismo, que establece jerarquías en la Santísima Trinidad. De su obra escrita destacan: un libro contra el Maniqueisrno, el Tratado sobre los salmos, y Eucológuion, colección de oraciones litúrgicas. Se le atribuye este pensamiento: "la mente se purifica por conocimiento espiritual (o por meditación y oración), las pasiones espirituales del alma por la caridad y el apetito irregular por la abstinencia y la penitencia."

Muere en el exilio. Su culto es inmemorial. Iconografía: con atavío episcopal de Oriente o bien con burda túnica de anacoreta. Por sus amplios conocimientos se le conoce como Serapión "el Escolástico".

(fuente: www.oem.com.mx)

otros santos 21de marzo:

- Santa María Francisca de las Llagas
- Santa Benita Cambiagio Frassinello
- Beato Miguel Gómez Loza

domingo, 20 de marzo de 2016

20 de marzo: San José Bilczewski

Nació el 26 de abril de 1860 en Wilamowice, en el seno de una familia de campesinos; era el primogénito de nueve hijos.

En agosto de 1880 entró en el seminario de Cracovia; el 6 de julio de 1884 recibió la ordenación sacerdotal. Para continuar los estudios se trasladó a Viena, donde, el año 1886, consiguió el título de doctor en teología.

En Roma y en París se especializó en teología dogmática y en arqueología cristiana. En 1891 comenzó su actividad como profesor de teología dogmática en la universidad "Juan Casimiro" de Lvov. Durante algún tiempo fue también decano de teología y luego rector de la universidad.

Era muy apreciado tanto por sus alumnos como por los demás profesores. El 18 de diciembre de 1900 fue nombrado arzobispo de Lvov. Su misión episcopal fue muy difícil debido a problemas internos y a los conflictos desencadenados por la primera guerra mundial.

Intervino muchas veces ante las autoridades civiles en favor de polacos, ucranios y judíos.La guerra polaco-ucraniana (1918-1919) produjo nuevas heridas en la población, y muchos sacerdotes fueron asesinados o encarcelados. La invasión bolchevique (1919-1920) desplegó toda su crueldad contra la Iglesia católica, que se erigió en defensora de todos, independientemente de su religión y de su nacionalidad. Durante los años 1918-1921 su archidiócesis perdió cerca de 120 sacerdotes.

Habiendo enfermado gravemente, aceptó el sufrimiento con serenidad y valentía. Falleció el 20 de marzo de 1923 en Lvov.

Fue canonizado el 23 de octubre de 2005 por el Papa Benedicto XVI.

(fuente: aciprensa.com)

otros santos 20 de marzo:

- Santa Benita Cambiagio Frassinello
- San Daniel, Profeta
- San Martín de Braga

sábado, 19 de marzo de 2016

19 de marzo: Beato Andrés Galleri

†: 1251 - país: Italia
otras formas del nombre: Andrés de Siena
canonización: Conf. Culto: Pío VI 13 may 1798

En Siena, de la Toscana, beato Andrés Gallerani, que visitó y consoló con esmerada solicitud a enfermos y afligidos, y congregó a los Hermanos de la Misericordia para que, como laicos sin votos, atendiesen a pobres y a enfermos.

Personajes como el de Fray Cristóforo, el capuchino en «Los novios» de Manzoni, se han repetido durante siglos, como el beato Andrés Gallerani de Siena, que de hecho fue anterior en el tiempo al personaje de Manzoni, pero sobre todo, realmente existió.

Andrés era de la noble familia sienesa de los Gallerani, nació precisamente en Siena en el siglo XIII, y de joven, por razones que se desconocen, mató a un hombre; la justicia de los gibelinos sieneses lo condenó al destierro. No sé sabe cuándo, pero apenas pudo volver a Siena, tal vez arrepentido de su impulsivo delito, se dedicó plenamente al servicio de los enfermos y necesitados. Disponiendo de propiedad y bienes de valor, los destinó a la fundación, o quizás refundación, de un hospital público, llamado «De la Misericordia»; reunió a su alrededor un grupo de conciudadanos que, siguiendo su ejemplo, se dedicaban a obras de caridad y asistencia, y al mismo tiempo llevaban una vida de pobreza.

Fueron llamados «Hermanos de la Misericordia», pero en realidad no fue una orden religiosa, sino una organización benéfica, donde cada miembro individualmente escogía una vida espiritual según sus propios deseos.

Esta forma de organizarse era característica de los terciarios franciscanos y dominicos, o de los «Humillados» (Umiliati); después de la muerte del beato Andrés, la Tercera Orden de los Umiliati, asociación laica parcialmente transformada en orden religiosa en 1201 y suprimida en 1571, tuvo en Siena más presencia que otras, por lo que se ha dicho que Gallerani perteneció a esa orden.

Ya en vida tuvo fama de santidad, reputación que aumentó considerablemente después de su muerte, ocurrida el 19 de marzo de 1251 en Siena; tanto que el obispo de la ciudad, Bandini, en 1274 concedió una indulgencia especial a aquellos que visitaran su tumba, colocada en la Iglesia de los Predicadores, el lunes santo. Luego por disposición del papa san Pío V (1504-1572), esta indulgencia se trasladó al lunes después de Pascua, y aún está en vigor. En Siena, surgió también una especial asociación que lleva su nombre, que unía como miembros a los nobles de la ciudad. Su culto fue confirmado el 13 de mayo de 1798 por el papa Pío VI. Su fiesta se celebra en Siena el 20 de junio.

Traducido para ETF de un artículo de Antonio Borrelli.
(fuentes: Santi e Beati; eltestigofiel.org)

otros santos 19 de marzo:

- San Frigidiano de Lucca
- San José
- Beata Sibilina (Sibila) Biscossi de Pavia

viernes, 18 de marzo de 2016

18 de marzo: San Braulio de Zaragoza

Obispo
(año 651)

Hay en Zaragoza un santuario donde no se puede entrar sin sentir la más profunda emoción. Es la cripta de Santa Engracia, alcázar de mártires y archivo de recuerdos heroicos. Allí existía, a principios del siglo VII, una de las escuelas más ilustres de la España visigoda. El maestro era el abad Juan, luego obispo de Zaragoza (619-631), «hombre sabiamente sencillo y simplemente sabio, tan insigne en todas las disciplinas, que la misma Grecia debía inclinarse ante su saber». Así dice Eugenio de Toledo, uno de sus discípulos. Otra lumbrera de aquellas aulas fue el propio hermano del maestro, Braulio, noble y hermosa figura, una de las más sugestivas de la España visigoda.

Bajo la dirección de Juan, «el monje pío de corazón, plácido de rostro, bondadoso de alma y rico de doctrina», según rezaba su epitafio, Braulio aprendió las artes liberales, la Sagrada Escritura y la ciencia eclesiástica. Al lado de los Santos Padres, en aquella escuela se estudiaban también los autores clásicos. Braulio mostrará en sus escritos cierto desdén por la literatura antigua, llamándola vana palabrería, frivolidad halagadora de la inquietud humana, humo impalpable y viento de ostentación. Como escritor, su ideal es conseguir «la gravedad modesta y pomposa de la verdad».. . «He alcanzado—dice—el conocimiento de las profanas disciplinas, pero quiero hacerme comprender de los hombres de mi tiempo, y huyo de introducir la confusión en los campamentos de Israel con la lengua de Jericó.»

No obstante, hablando con los sabios, se complace en sacar a relucir sus vastos conocimientos de la bella literatura. A un amigo con quien sostuvo un torneo literario, que estuvo a punto de agriar la amistad, le escribía: «Si quisiera, podría replicar en tu mismo estilo, porque también yo aprendí las letras, como dice Horacio, y tuve que sustraer con frecuencia la palma al azote de la férula. También de mí se podría decir lo del poeta; «Huye lejos, que lleva hierba en el cuerno»; o el verso virgiliano: «No creáis que mi diestra es frágil para esgrimir las armas; también brota sangre de las heridas de mis dardos.» Pero soy un siervo del amor y no quiero perder el tuyo. No quiero poner en mis palabras burlas desagradables, íegún el consejo de Nasón, ni hacer alarde de una facundia canina, como diría Appio.»

Pero había entonces en España otra escuela más famosa que la de Santa Engracia: era la de Sevilla, donde enseñaba San Isidoro, el hombre más sabio que había entonces en la cristiandad. Braulio se presentó allí como un discípulo, pero bien pronto llegó a ser el amigo íntimo del maestro, el heredero de su espíritu. Una amistad profunda unió desde entonces a aquellos dos grandes hombres, tan grandes por su corazón como por su inteligencia. Aún la sentimos palpitar en el íntimo y delicioso abandono de sus cartas. «Ya que no puedo gozar de ti con los ojos—decía el sevillano al de Zaragoza—, quiero al menos tener la dicha de hablar contigo; y sea mi consuelo posible saber que está bueno aquel á quien desearía ver. Mejor sería lo uno y lo otro; pero me resignaré a verte únicamente con la imaginación.» Otra vez le decía: «Cuando recibas algún escrito de tu amigo, abrázale como si fuese el amigo mismo, pues éste es el único consuelo entre los ausentes. Te envío un anillo, prenda de mi afecto, y un manto que sirva como para proteger nuestra amistad. Tú no te olvides de rezar por mí. Que el Señor te inspire algún medio para que yo pueda verte y vuelva a alesrar otra vez a quien llenaste de tristeza con tu partida. Adiós, amadísimo señor mío y carísimo hijo.»

Braulio, para quien su maestro «era la columna de la Iglesia, el mejor de los hombres, y una luz esplendorosa que nunca se había de acabar», se aprovechaba de aquella confianza para alentar a Isidoro en sus empresas literarias. «¿Cómo así—le escribía—tardas tanto en distribuir esos talentos, que no son tuyos, sino de Dios y de todos sus servidores? Extiende ya la mano, compadécete de las muchedumbres, para que la necesidad no les haga perecer de hambre.» Gracias a estas importunaciones, nació la obra de las Etimologías, la que más leyó la Edad Media. Poco antes de morir, Isidoro se la envió a su amigo para que la ordenase, la corrigiese y le diese su forma definitiva.

Los dos amigos se vieron por última vez en el cuarto concilio de Toledo (633). Braulio era ya obispo de Zaragoza. Había sucedido a su hermano en el gobierno de la diócesis y en la dirección de la escuela. Tres años más tarde volvía a Toledo para celebrar una nueva asamblea. Isidoro ya no estaba allí; había muerto unos meses antes, pero Braulio es el representante de su enseñanza y de su espíritu. Así lo reconoce todo el episcopado. Sobreviene entonces un accidente desagradable. El Papa Honorio, descontento por la suavidad con que se lleva en España la lucha antisemita, escriba una carta llena de durezas e impaciencias. Los obispos españoles reciben en ella el calificativo de perros mudos que no saben ladrar. La humillación era grande, profunda la pena. Además, no había motivo para amonestación tan severa. Ninguna Iglesia de la cristiandad obraba entonces tan sabiamente, con tanto respeto a la disciplina cañonea, como la Iglesia española. Era preciso sincerarse, y los obispos, reunidos en la ciudad regia (638), encomendaron esta difícil tarea al obispo de Zaragoza. Nada tan noble, tan digno, tan respetuoso y tan valiente como la exposición que Braulio envió a Roma con este motivo. Sin olvidar un instante, según su expresión, «aquella caridad que es el don principal que de Dios nos viene», sin faltar a la «veneración que se debe a la sede apostólica y a la santidad y honor del pontífice»; reconociendo expresamente «que la piedra de Pedro ha sido fundada con la estabilidad misma de nuestro Señor Jesucristo», defiende con energía el honor de aquel episcopado, en que brillaban hermosas figuras aureoladas de ciencia y de virtud. «No—exclama—, jamás se podrá decir de nosotros que hayamos sido envueltos por tan grande tibieza, o que, rebeldes a la instigación de la celeste gracia y a la luz de su régimen adorable, hayamos olvidado nuestro deber.» Expone el programa de suavidad y persuasión que les ha parecido seguir en la cuestión de los judíos, mucho más conforme al espíritu evangélico que la coacción y la violencia, «pues ningún daño puede haber en acrecentar con la dilación la victoria, y no hay fuerza para doblegar los espíritus como el fuego del amor y los maternales cariños de la religión cristiana».

Es la santa libertad de una vida inmaculada lo que nos refleja este documento famoso, y al mismo tiempo la majestad serena de una vejez gloriosa y universalmente respetada. De toda España los ojos se volvían hacia el eximio continuador de la tradición isidoriana. Llovían consultas y peticiones, se acumulaban los cuidados y los compromisos, y el buen obispo, molestado por achaques prematuros, casi ciego de tanto leer manuscritos de letra enrevesada, sufría valientemente las consecuencias de su autoridad indiscutible. Gobernaba su diócesis con sabiduría, seguía dirigiendo la escuela zaragozana, corregía los manuscritos de la biblioteca real, intervenía en la vida religiosa y política de su tiempo, influía en la corte para hacer triunfar el principio de la sucesión hereditaria a la corona, escribía su Vida de San Miltán, componía bellos himnos que no tardaron en incorporarse a la liturgia mozárabe, y mantenía una correspondencia, según él mismo dice, abrumadora, que aunque sólo fragmentariamente conservada, es una de las más interesantes que hoy tenemos de aquel siglo.

De todas partes acuden a su saber y a su prudencia. Le escriben los reyes, los obispos, los condes y los abades. Se solicita su intervención en materias de interés nacional, se le piden libros o reliquias y se le encomiendan trabajos literarios. Discute y resuelve toda suerte de cuestiones canónicas. litúrgicas, escriturísticas y gramaticales; charla íntimamente con sus amigos, les cuenta las penas que le embargan, y llora sobre los despojos que la muerte va dejando en su camino. «Confiésete, señora mía—escribe a la abadesa Pomponia—, que cuantas veces quise escribirte sobre el tránsito de nuestra hermana, de santa memoria, otras tantas me he visto impedido por la amargura que entorpecía mi alma, y embotaba mis sentidos, y paralizaba mi lengua, y llevaba el luto hasta lo más profundo de mi espíritu. ¡ Oh, qué mísera es esta nuestra vida, esta vida que debiéramos llorar con amargura, no abrazar con alegría, odiar, no apetecer! Los bienes pasan ligeros, los males se encadenan unos a otros, y nosotros nos deslizamos también en ese incesante fluir de las cosas. Y, sin embargo, estamos locos, las apariencias embriagan nuestro espíritu y nos juzgamos inconmovibles. El tiempo huye insensiblemente, la muerte se acerca sigilosa, y nuestra ciega esperanza no ve más que las alegrías de la vida. ¡Felices aquellos cuya alegría es Dios, y cuyo gozo reposa en la futura bienaventuranza!»

Estas expresiones estaban inspiradas por un dolor sincero, pero no procedían de un pesimismo enervante y desmoralizador. En sus últimos días, Braulio seguía trabajando con el ardor de su juventud, «y ennobleciendo—según expresión de un contemporáneo suyo—a la ciudad de Zaragoza, cada vez más floreciente por su altísima predicación, más abundante en el estudio de la divina ley, y mejor castillada con los baluartes de una santa predicación». Una de las últimas cartas que recibió fue aquella en que Fructuoso le escribió desde las rías gallegas: «Yo alabo sin cesar al Señor, Rey y Creador nuestro, porque al acercarse el fin de los tiempos, nos ha dado un pontífice como vos, que por vuestra vida y nuestra enseñanza camináis en pos de los Apóstoles, con los cuales habéis de recibir la gloria inefable de la patria, ya que imitáis, viviendo en este mundo, su conducta inmaculada.»

(fuente: www.divvol.org)

otros santos 18 de marzo:

- Cirilo de Jerusalén
- San Frigidiano de Lucca
- San Salvador de Horta

jueves, 17 de marzo de 2016

17 de marzo: Beato Conrado de Baviera

Eremita

Martirologio Romano: En Modugno, cerca de Bari (Italia), beato Conrado, que en Palestina llevó vida eremítica, habitando en una mísera cueva hasta la muerte († c.1154)


Breve Biografía

Desde la muerte de Conrado, se le venera en la diócesis de Molfetta, en Apulia, donde acabó sus días. También es venerado por sus hermanos cistercienses. Su culto fue confirmado en 1832.

Conrado fue hijo de Enrique el Negro, duque de Baviera, y debió haber nacido alrededor del año 1105. Fue a Colonia a hacer sus estudios, pero deseando tener un modo de vida más perfecto, se hizo cisterciense en Clairvaux. Poco después, con el permiso de san Bernardo, hizo un viaje a Palestina, donde deseaba establecerse como ermitaño en el mismo escenario que nuestro Salvador santificó con su presencia. Después de algún tiempo sin embargo, los disturbios del país y su salud quebrantada lo indujeron a regresar a Europa.

No alcanzó a llegar a su tierra, pues fue desembarcado en un lugar cercano a Bari o Molfetta, no se tiene la certeza del sitio exacto, ni de la duración de su estancia, y no pudo reanudar su viaje. Allí, sea como fuere, gastado por sus austeridades y trabajos de caridad, se dice que murió el 15 de marzo de 1154. Su santidad se reveló por las maravillas que ocurrían en su tumba. Entre otras cosas, se nos dice que los corderos le rendían homenaje, yendo a arrodillarse junto a su sepultura.

escrito por Alban Butler
(fuentes: Vida de los Santos; catholic.net)

otros santos 17 de marzo:

- Santa Gertrudis de Nivelles
- San Patricio
- Beato Juan Nepomuceno Zegrí y Moreno

miércoles, 16 de marzo de 2016

16 de marzo: San Juan de Brébeuf

(† 1646-1649)

«Mártir jesuita. Evangelizador de Canadá»

«No moriré sino por ti Jesús, que te dignaste morir por mí […]. Prometo ante tu eterno Padre y el Espíritu Santo, ante tu santísima Madre y su castísimo esposo, ante los ángeles, los apóstoles y los mártires y mi bienaventurado padre Ignacio y el bienaventurado Francisco Javier, y te prometo a ti, mi Salvador Jesús, que nunca me sustraeré, en lo que de mi dependa, a la gracia del martirio, si alguna vez, por tu misericordia infinita me la ofreces a mí, indignísimo siervo tuyo…».

Ardientemente suplicó y recibió Juan esta gracia del martirio a la que fue fidelísimo, sufriendo uno de los más espantosos que se conocen.

Pertenecía a una acomodada familia de terratenientes. En la Normandía oriental, donde nació el 25 de marzo de 1593, imperaba el calvinismo, pero ellos profesaban la fe católica. Cursó estudios de filosofía y teología en la universidad de Caen. A los 21 años entró en una vía de discernimiento vocacional. Se dispuso a ingresar en la Compañía de Jesús, pero asuntos familiares le obligaron a posponer su incorporación hasta 1617. Tenía 24 años. Realizó el noviciado en Rouen donde se le consideró como una vocación tardía. Su dificultad para asimilar las materias se contrarrestó con una formación personalizada. Profesó en 1619 y fue destinado a la docencia. Contrajo la tuberculosis y tuvo que abandonar las aulas. Su estado era tan grave que, ante el riesgo de muerte, el provincial propició su ordenación en 1622. La mejoría fue tal que ese mismo año reanudó con brío las misiones que le encomendaron: ayudante de ecónomo del colegio y después ecónomo titular. Bajo su responsabilidad tenía 600 alumnos. Más tarde, por indicación del provincial de Francia, asumió las misiones de la Nueva Francia. La noticia, tan querida como inesperada, le llenó de alegría. Porque sabiendo que los franciscanos requerían la presencia de jesuitas para atender las fundaciones de Canadá, aún pensando que su ofrecimiento no sería acogido, se prestó para viajar a ese país.

En 1625 partió a la misión de Quebec acompañado de dos religiosos. Unos meses más tarde, después de haberse familiarizado con la lengua de los algonquines, se apresuró a evangelizar a los hurones. Informado de la alta peligrosidad de la zona, no temió por su vida y se estableció en el lugar. Desde allí extendió su radio de acción a otros lugares habitados también por los hurones. Fue una etapa de profunda actividad y esfuerzo que le permitió asimilar sus condiciones de vida y costumbres, acogidas por él como si fuera uno de ellos. Realizó viajes extenuantes por bosques y lagos, soportó inclemencias, plagas, falta de higiene de los indios, y muchos problemas de distinta índole. Otros religiosos no fueron capaces de integrarse y regresaron. Al final se encontró solo, pero se mantuvo firme en su misión. Sus ansias martiriales, vinculadas a su celo apostólico, seguían intactas:«Dios mío, ¡cuánto me duele el que no seas conocido, el que esta región extranjera no se haya aún convertido enteramente a ti, el hecho de que el pecado no haya sido aún exterminado de ella! Sí, Dios mío, si han de caer sobre mí todos los tormentos que han de sufrir, con toda su ferocidad y crueldad, los cautivos en esta región, de buena gana me ofrezco a soportarlos yo solo». En 1629 tuvo que retornar a Francia, momento en el que emitió sus votos perpetuos. Develan irrevocable fidelidad: «Sea yo destrozado antes de violar voluntariamente una disposición de las Constituciones. Nunca descansaré, jamás he de decir: basta».

En 1633 regresó junto a los hurones de Ihonatiria. Fundó la Misión de San José y emprendió otra intensa labor apostólica. Tres años más tarde, los frutos eran visibles. Pudo enviar a 12 jóvenes hurones a Quebec para ser educados en la Misión de Nuestra Señora de los Ángeles. Pero se desencadenaron varias epidemias, que una parte de los hurones achacaron a la presencia de los misioneros, por lo que fueron amenazados y Juan pensó que podría morir. Cuando se desató una de ellas en San José, el único que se mantuvo indemne fue él, que había desafiado a los hechiceros. En 1637 fundó en Ossosané, la capital hurona. Nueva plaga, en este caso de viruela, contribuyó a incrementar la hostilidad. El convencimiento de la gente era que los «sotanas negros» ocasionaban tales desgracias. Juan escribió su voto de martirio que recitaba todos los días en la misa. Parte de la población le quería. Por eso, en febrero de 1638 fue nombrado jefe hurón. Siguió un periodo de altibajos en lo que concierne a las bendiciones apostólicas hasta que en una de sus misiones sufrió una caída y regresó a Quebec.

En 1641 fue nombrado superior de Sillery. Hasta allí llegaron evidencias de los atroces martirios contra los hermanos que había enviado a evangelizar. Las huellas de las torturas de los que regresaban con vida eran estremecedoras. Juan, vertiendo sus lágrimas por ellos, siguió incansable, impulsando las misiones. Diez intensos años de entrega entre los indígenas en los que había administrado el bautismo a 50 personas le permitían trasladar con propiedad a sus superiores esta impresión: «Este campo de misión tendrá su fruto más tarde, pero solo mediante una paciencia casi sobrehumana». Volvió con los hurones en 1644. Y cuando llevaba veinte años en la región, encontró la palma del martirio. Sucedió en 1649. Después de fundar en el territorio de los iroqueses, muchos de los cuales le perseguían a él y a la comunidad, un grupo de ellos le apresó en la Misión de San Luís. Los suplicios fueron terribles. Él oraba: «Jesús, ten misericordia»; mientras, los hurones respondían: «Echon (era el nombre que le daban), ruega por nosotros». Su valentía ante tanta crueldad hizo creer a los feroces verdugos que estaban frente a alguien que excediendo con creces lo humano se hallaba cerca de lo sobrenatural.

La tarde del 16 de marzo de 1649 expiró. Pío XI lo canonizó el 29 de junio de 1930 junto a varios misioneros jesuitas. Fueron declarados patronos de la evangelización de América del Norte.

escrito por Isabel Orellana Vilches
(fuente: zenit.org)

otros santos 16 de marzo:

- San Heriberto de Colonia
- Beata Benedicta de Asís
- San Clemente Hofbauer

martes, 15 de marzo de 2016

15 de marzo: Beato Pío Conde Conde

(1887-1937)

Nació en Portela-Allariz, Orense. A los 15 años ingresó en las escuelas salesianas de Sarriá-Barcelona. Allí mismo hizo el noviciado y profesó como salesiano en 1906. Recibió el presbiterado en Orihuela en 1914.

Estrenó su sacerdocio en Valencia. De allí pasó a Béjar y, en 1923, al colegio María Auxiliadora de Santander. En 1927 fue destinado a Vigo-San Matías, y por último, en 1933, llegó a la casa madrileña de Estrecho, como encargado de la iglesia.

El 19 de julio de 1936 sufrió con su comunidad el asalto al colegio y los vejámenes de la multitud que, a él personalmente, le alcanzaron hasta causarle algunas heridas con derramamiento de sangre incluido. Al concedérsele la libertad en la Dirección General de Seguridad, unos amigos le acogieron en su casa en donde permaneció unos meses escondido. Por el mes de octubre de 1936, se le procuró refugio diplomático en la embajada de Finlandia. Pero ésta fue asaltada el día 3 diciembre y las personas allí acogidas trasladadas en bloque a la cárcel de San Antón. La presión internacional provocó que las autoridades republicanas liberaran a estos detenidos. Don Pío, al salir, se instaló en una pensión pero, aún con la identidad de un sobrino suyo, fue detenido de nuevo y llevado a la comisaría de Estrecho, de donde había partido la denuncia contra él por ser sacerdote salesiano.

Al ser mayor de cuarenta y cinco años, se le aplicó la ley de Evacuación, y se le condujo al Refugio de Evacuados de la calle García de Paredes. Estaba bien entrado ya el mes de marzo de 1937. Entre el 16 y el 20 de este mes, parece ser que don Pío fue “evacuado a Valencia”. Se ignora el lugar y el momento en que le asesinaron. “Entre los casos semejantes que se cuentan, a unos los hacían bajar del coche en Alcázar de San Juan, y allí los asesinaban; a otros los llevaban a Valencia, y allí se deshacían de ellos.” Beatificado por Su Santidad Benedicto XVI el 28 de Octubre de 2007, junto a otros 497 mártires de la persecución contra la fe en Madrid y Sevilla.

(fuente: hagiopedia.blogspot.com.ar)

otros santos 15 de marzo:

- Beato Artémides Zatti
- San Raimundo de Fitero
- Santa Luisa de Marillac

lunes, 14 de marzo de 2016

14 de marzo: Santa Paulina de Fulda

religiosa
†: 1107 - país: Alemania
otras formas del nombre: Paulina de Thüringen, Paulina de Turingia

En la Crónica Hirsauqiense (es decir, del monasterio benedictino de Hirsau) se menciona a Paulina como una «venerable y santa mujer», y en el conjunto de los hagiógrafos benedictinos es llamada con el título de santa. Pero lamentablemente es escasísimo lo que sabemos de ella, y mucho más puesto que los Bolandistas rehusaron tratar sus documentos por considerar que no hay trazas de culto como santa, lo que no es del todo cierto, como veremos.

Hacia 1102 murió su segundo marido, un noble sajón (parece que de nombre Ulrico de Scharaplan), y la santa decidió ingresar en religión. Reunió a varias compañeras, y se establecieron en los bosques de Turingia como ermitañas. Pronto fundó un monasterio, que luego tomo el nombre de Paulinzella, pero para monjes, mientras que ella siguió llevando vida ermitaña.

Hacia el 1107 Paulina viajó hasta el monasterio de Hirsau (su padre había sido hermano lego allí), y en el camino murió. Entre 1112 y 1132 se construyó en su monasterio una basílica, y en 1123 se trasladó allí el cuerpo de Paulina, que recibió veneración como santa. La fecha de 14 de marzo es precisamente la del traslado de sus reliquias. En 1534, en el conflicto de la Reforma, el monasterio fue disuelto y la iglesia destruida.

Se conservan aun algunos restos edilicios (ver foto), y en el lugar hay ahora también un monasterio, moderno, heredero del de Paulina. Ver Acta sanctorum, marzo II, pág 337, praetermissi del día 14. Los escasos datos los he tomado de Ökumenisches Heiligenlexikon y Santi e Beati.

escrito por Abel Della Costa
(fuente: eltestigofiel.org)

otros santos 14 de marzo:

- Santa Matilde de Halberstadt
- Beata Josefina Gabriela Bonino
- San Arnaldo

domingo, 13 de marzo de 2016

13 de marzo: Beata Francisca Tréhet

Religiosa y Mártir

Martirologio Romano: En Ernée, en la región de Mayenne en Francia, Beata Francisca Tréhet, virgen de la Congregación de la Caridad y mártir, que, entregada con toda diligencia a la instrucción de los niños y al cuidado de los enfermos, durante la Revolución Francesa fue guillotinada, y completó así su glorioso martirio por Cristo. († 1794)

Fecha de beatificación: 19 de junio de 1955 por el Papa Pío XII.

Nacló en Salnt-Mars-sur-la-Futale (FranCla) el 8 de abril de 1756 en el seno de una familia de granjeros. Llegada a la Juventud ingresó en la Congregación de Hermanas de la Candad, que se dedicaban a la enseñanza de la niñez y a obras de misericordia y a las que por su hábito gris las llamaban las "Hermanas Grises". Fue destinada a Samt-Pierre-des-Landes, y se acreditó muy pronto por sus virtudes. Era de carácter enérgico y organizaba muy bien las cosas.

Llegada la Revolución, una ley del 17 de abril de 1791 impuso que todos los maestros y maestras tenían que jurar la constitución civil del clero. Francisca se negó, y perdió su cargo de maestra. Pero continuó ejerciendo como catequista y siguió visitando a los enfermos. En la escuela tenía como compañera a la Beata Juana Véron, que sería martinzada poco después que ella. Ambas fueron detenidas a finales de febrero de 1794 y llevadas a Ernée. Francisca pasó a la cárcel y Juana al hospital por estar gravemente enferma.

El día 13 de marzo siguiente compareció ante la Comisión Revolucionaria formada por los representantes del pueblo en el departamento de «La Mayenne», la llamada Comisión Clément por el nombre de su presidente. La sesion pública tuvo lugar en Ernée en el «templo de la Razón», un 23 Ventoso del año II de la República (13 de marzo de 1794). Las acusaciones fueron tres• haber acogido a sacerdotes refractarios, haberse negado a Jurar fidelidad a la patria y haber alimentado y protegido a los "chouans", es decir, a los soldados vandeanos. Francisca rechazó dar vivas a la República y dijo que como cristiana ella ayudaba a todos, porque todos eran sus hermanos en Cristo. Fue condenada a muerte y guillotinada aquel mismo día.

NOTA: Ventoso, en francés Ventôse, es el nombre del sexto mes del calendario republicano francés.

AÑO CRISTIANO Edición 2003
Autores: Lamberto de Echeverría (†), Bernardino Llorca (†) y José Luis Repetto Betes
Editorial: Biblioteca de Autores Católicos (BAC)
Tomo III Marzo ISBN 84-7914-663-X
(fuente: catholic.net)

otros santos 13 de marzo:

- Beata Dulce Lopes Pontes
- San Nicéforo
- San Rodrigo de Córdoba

sábado, 12 de marzo de 2016

12 de marzo: Santa Fina o Serafina de San Geminiano

Nació en 1238 en San Geminiano, Toscana, Italia, en una familia que había caído en la pobreza. Era muy bonita y le gustaba mucho hacer caridad: a pesar de su pobreza, guardaba la mitad de su escaso alimento para darlo a los más pobres que ella. Vivía en la mayor humildad, cosiendo e hilando durante el día, pero ocupando el tiempo de descanso en la oración.

Su padre murió cuando era muy joven y por esa época sufrió una grave enfermedad. Su cabeza, manos, ojos, pies y órganos internos se afectaron; sobrevino la parálisis y perdió la belleza. Como crucificada, a imitación de Cristo, permaneció en la misma postura seis años sobre un tablón, sin moverse. Su madre vivía con ella, pero debía trabajar o pedía limosna para comer. A pesar de sus terribles sufrimientos, nunca se quejó; permanecía serena y con los ojos fijos en el crucifijo repetía: «No son mis llagas las que me hieren, ¡oh Cristo!, sino las tuyas».

Su madre murió repentinamente; Fina quedó sola y en la miseria. Sólo la veía su fiel amiga Beldia. Dependía de las limosnas de los vecinos, que no se le acercaban porque les daba repugnancia.

Los insectos se posaban sobre su rostro, y no los podía ahuyentar porque sus manos estaban inmóviles. Sin embargo, Fina recibía a quien la visitara con alegría y agradecimiento. Se consideraba la más dichosa de las criaturas. Experimentaba éxtasis.

Fina sabía de San Gregorio Magno y sus sufrimientos, y le tenía especial devoción. Solía orar para que él, que había sido probado por las enfermedades, intercediera con Dios para que tuviera paciencia. Ocho días antes de morir, cuando yacía sola como siempre, San Gregorio se le apareció y le dijo: «Querida niña, en mi fiesta, Dios te dará descanso». Murió el 12 de marzo de 1253. Los vecinos declararon que su rostro estaba sonriente. Al levantar su cuerpo del tablón sobre el que permaneció tanto tiempo, la madera estaba cubierta de violetas blancas. Toda la ciudad asistió al entierro y se realizaron muchos milagros por su intercesión. Ya muerta, levantó la mano, ciñó el brazo lesionado de su amiga Beldia, y lo sanó.

Los campesinos de San Geminiano aun llaman «flores de Santa Fina» a las violetas blancas que florecen aproximadamente por las fecha en la que se celebra su fiesta.

(fuente: mariavision.com)

otros santos 12 de marzo:

- Abraham, padre de la Fe
- San Luis Orione
- San José Tshang-Dapeng
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